Artilleros, Artilleros, marchemos siempre unidos siempre unidos de la Patria, de la Patria, de la Patria su nombre engrandecer, engrandecer. Y al oír, y al oír, y al oír del cañón el estampido, el estampido nos haga su sonido enardecer. España que nos mira siempre amante recuerda nuestra Historia Militar, Militar, que su nombre siempre suena más radiante a quien supo ponerla en un altar. Su recuerdo que conmueve con terneza, dice Patria, dice Gloria, dice Amor, y evocando su mágica grandeza, morir sabremos, por salvar su honor. Tremolemos muy alto el Estandarte, sus colores en la cumbre brillarán, y al pensar que con él está la muerte, nuestras almas con más ansia latirán. Como la madre que al niño le canta la canción de cuna que le dormirá, al arrullo de una oración santa en la tumba nuestra, flores crecerán. Marcharemos unidos, marcharemos dichosos seguros, contentos de nuestro valor, y cuando luchando a morir lleguemos, antes que rendidos, muertos con honor. Y alegres cantando el Himno glorioso de aquellos que ostentan noble cicatriz, terminemos siempre nuestro canto honroso con un viva Velarde y un viva Daoiz. Artilleros, Artilleros, marchemos siempre unidos siempre unidos de la Patria, de la Patria, de la Patria su nombre engrandecer, engrandecer. Y al oír, y al oír, y al oír del cañón el estampido, el estampido nos haga su sonido enardecer. Orgullosos al pensar en las hazañas realizadas con honor por nuestra grey, gritemos con el alma un viva España y sienta el corazón un ¡viva el Rey!

sábado, 4 de abril de 2020

Ejecutoria de Nobleza del Cuerpo de Artillería

Ejecutoria de Nobleza del Cuerpo de Artillería cuyo original, otorgado por el rey de Armas de S.M. D. Alfonso XIII, D. Luis Rubio de Ganga Yarzo y Bru se encuentra en la Academia de Artillería.




Yo, don Luis Rubio y Ganga Yarzo y Bru

CERTIFICO: Que el anterior escudo en campo de gules, dos cañones de oro puestos en aspa, en punto del escudo una pila de balas, sumado de Real Corona, es el que pertenece al Cuerpo de Artillería Española, el que tiene por lema «Todos para cada uno y cada uno para los demás», cuya máxima da a entender que solamente la antigüedad les hace ir ocupando los puestos de las respectivas escalas, sin que los empleos y recompensas que puedan obtener en funciones de guerra, sirvan para premiar el comportamiento de quien la realiza, si no para aumentar el prestigio de esta gran familia. Venera por excelsa Patrona a Santa Bárbara comenzando la devoción de los artilleros con el uso de la Artillería y dogmatizándose de tal manera que llegaron a establecerse Congregaciones bajo su advocación todos justo dominio de la Corona de España; siendo, parece suponer, esta preferencia que tal vez fuera porque siendo abogada de los rayos y centellas, se pusiera bajo su patrocinio los que habían de manejar instrumentos de guerras cuyos efectos son los más parecidos a aquéllos fenómenos de la Naturaleza. Anualmente celebran los artilleros la fiesta de la Santa Patrona, y un oficio de difuntos por los que fueron.

Artillería
Es el arle de construir, conservar y usar todo género de armas de fuego, máquinas y municiones de guerra; pero empleada esta palabra como denominación genérica que corresponde a una de las tres armas de combate, podemos decir que dan nombre a la reunión de conocimientos científicos y técnicos que es preciso emplear para el manejo de aquélla Se divide en Artillería de Campaña o de Batalla que es aquélla que en combinación con las demás armas, toma parte en campo abierto en todas las fases del combate, subdividiéndose en Artillería montada, a caballo y de montaña, estando destinada la primera al sostenimiento y apoyo de la Infantería, ir al combate la segunda con la Caballería, y maniobrar la tercera en terreno donde aquélla no podría ejercitar su acción. Artillería de sitio es la destinada al ataque de plazas y puntos fortificarlos; de plaza para la defensa de estas fortificaciones, y de costa, la que establece sus baterías en el litoral, lucha con las escuadras, impide el paso por un estrecho o inutiliza sus fuegos bastando lo dicho para comprender su importancia en la guerra. «La Artillería es tan antigua como la querella de los hombres» dice don Tomás de Morla, insigne artillero perdiéndose su origen en la obscuridad de los tiempos; y atribuye a esta voz todo lo que se le dio para batir obstáculos y defensas como medio de destrucción, anteriores al efecto de la pólvora cuya inspección ha sido motivo siempre de continuas discusiones, de las que hemos de prescindir por no ser objeto de nuestro estudio, pero teniendo que dar una idea de lo que pudiéramos llamar Historia positiva de esta poderosa Arma de combate, que es el cuerpo facultativo porque abarca un conjunto de conocimientos relativos a Ingeniería; a la balística que es el arte de calcular el alcance y dirección de los proyectiles; a la industria militar, que es la que comprende todo lo referente Metalurgia, Mecánica y Química aplicada, necesarias para la proyección o instrucción de todo material de guerra y por último del empleo y manejo de este material, que es lo que puede clasificarse de «Táctica profesional», en el sentido que damos a esta palabra Artillería, podemos robustecer el concepto de que es anterior al descubrimiento de la pólvora, y aunque en España ya se habla de ella en el siglo XII, no hay noticias hasta tres siglos más tarde de la aparición de máquinas de batir que lanzasen pesados proyectiles de piedra o hierro por la fuerza expansiva de aquéllas, por lo que siguiendo las indicaciones de los artilleros don José de Arantegui Sanz, observadas en su obra titulada «Apuntes históricos sobre la Artillería española en los siglos XIV y XV» . Don Ramón de Salas y otro, se viene en conocimiento de que la noticia más antigua que se refiera a la verdadera Artillería, es la que data del año 1381, confirmada por una carta que el Ayuntamiento de Alicante dirigió al Rey don Alfonso IV de Aragón, en la cual dice que el Rey de Granada tenía sobre aquella Ciudad infundiendo grande terror, con una nueva invención del combate con que llevaba pelotas de hierro que se lanzaban con fuego. En 1340 reinando en Castilla Alfonso XI el Justiciero, pusieron sitio a Tarifa el Rey de Granada Juref-Ben-Mimail y el Rey de Fez, batiéndola con máquinas el ingenio de truenos que lanzaban balas de hierro, proyectiles que eran llamados bodoque y búfano las piezas, muy ligeras aunque importantes por ser nuevos elementos de guerra. El Rey don Pedro I de Castilla llamado Cruel, dio mucho impulso a la Artillería siendo ya conocidas las bombardas o lombardas, con cuyas máquinas combatió en el sitio de Calatayud año 1362. Eran grandes, medias y pequeñas, según que tirasen pelotas o bolaños de 12 a 25 arrobas; cinco a doce y uno a cinco respectivamente, llamándose de metal o de fuslera las bombardas de bronce y truenos a las de pequeño calibre y siendo tanta la diversidad de estas máquinas que se clasificaron en tres grupos principales, según que fuesen destinadas a la ofensiva, batir las murallas o echar a pique las naves, estando comprendido en los primeros los mosquetes ribadoquines, esmeriles, falconetes, medios acres o falconetes, cervatanas, medianas, sacres, áspides, pasavolantes, medias culebrinas y culebrinas, y en el segundo y tercero, los basiliscos, pedreros y trabucos o morteros. En 1413 ya se usaba el arcabuz, pudiéndose fijar el principio de la Artillería de Campaña en el año 1499 que apareció en la expedición realizada a Italia el primer tren de cañones. Felipe III redujo la clasificación a cuatro clases: el cañón de baterías de 40 libras de bala, el medio cañón de 24, el cuarto de cañón de 10 y la pieza de campaña que era de cinco. En 1588 se empezaron a usar las bombas por los españoles, tirándose las primeras contra Watendock plaza del Ducado de Gueldres sitiada por las tropas que mandaba el gran Alejandro Farnesio aparecen las granadas y otros proyectiles; se emplea la Artillería de Montaña, la que según parece debió tener su origen cuando la conquista de Marbella por los Reyes Católicos, fueron conducidos por acémilas los llamados tiros livianos o de poco peso; en 1718 se modifica la disposición de Felipe III; se introduce el uso del alza, perfeccionándose la pólvora y las espoletas, pudiendo decirse que desde este tiempo, y en particular desde el comienzo del siglo XIX , la Artillería ha seguido el curso de todos los adelantos modernos, siendo nuestros cañones rayados, los que tronaron en África al mismo tiempo que los franceses y austríacos en Italia; habiendo de citar el cañón Plasencia de 8 cm. que era de acero, estudio que su autor amplió para la construcción de las de 8 y 9 cm. para las baterías de campaña, y el de 12 y  obús de 21 para las de sitio, de bronce comprimido; lo mismo que el de sitio de 15 cm. del Coronel Verdes Montenegro y el de obús de 15 cm, y los morteros rayados de 9,15 y 21 cm. del Comandante Mata; el cañón de acero de 8 cm. debido al General Sotomayor, los cañones Ordóñez, Munaiz-Argüelles y por último los de sistema Schneider que se fabrican en España, siendo todos ellos demostración del creciente desarrollo y progreso de la Artillería.
Por lo que respecta al personal u organización, habremos de venir a los años de 1546, por ser la que está basada en noticias más ciertas, a cuyo frente se encontraba un Capitán General de Artillería con dos o tres Tenientes de Capitán General de cada Ejército de Flandes, Italia y España, siendo llamados Gentiles Hombres los oficiales de ahora, para el servicio de uno para cada tres piezas; Condestables lo que hoy se llama Cabos y Sargentos, conductores, artilleros, minadores, gastadores, obreros, petarderos, contadores, pagadores y mayordomos para la contabilidad origen del Cuerpo de Cuenta y Razón de la Artillería y otros empleos necesarios para el servicio. Vacante en 1655 el cargo de Capitán General de Artillería, fue creada una Junta que dependía del Supremo consejo de la guerra, comprendiéndose el Cuerpo en 1658 de 15 Tenientes Generales, 13 Veedores que eran los que inspeccionaban, otros tantos contadores, ocho pagadores, diez mayordomos, 18 gentiles hombres, 23 cabos, 511 artilleros, 100 ayudantes de éstos y 34 supernumerarios y un número indefinido para el servicio de las Naves; Carlos I   ordenó que los Virreyes de Navarra fuesen Capitanes Generales de Artillería; en 1710 se creó el Regimiento Real de este Cuerpo y una Plana Mayor facultativa, estando aquél compuesto de tres batallones de doce compañías, tres de las cuales eran de artilleros, una de minadores y ocho de fusileros; en 1732 se crea de Inspector General de Artillería; en 1741 se formó el Estado Mayor de Artillería; en 1756 se suprime el cargo de Capitán General que estaba otra vez vacante desde 1713 y se crea el empleo de Director General de Artillería e Ingenieros, siendo la más importante de estas organizaciones la llevó a cabo en 1762, siendo Inspector general el Conde de Gazola, para la cual se reunieron las varias secciones de Regimiento, Estado Mayor y Compañías provinciales, bajo el título de Real Cuerpo de Artillería, sustituyéndose los nombres de Tenientes Generales Provinciales, Comisarios y Delineadores, por los de Coroneles, Tenientes Coroneles, Capitanes, Tenientes y Subtenientes, mandándose formar la Compañía de Caballeros Cadetes y suprimir los de los Batallones, lo cual no tuvo lugar hasta más adelante ( 16 de Mayo de 1764); en 1763 se separaron los Cuerpos de Artillería e Ingenieros; en 1769 fue considerado como de Casa Real; en 1802 se decretó la Ordenanza de Artillería convirtiéndose el Regimiento Real en cinco; en 1806, se impone que los Oficiales del Real Cuerpo de Artillería, ascendiesen por antigüedad hasta Coronel inclusive, pasando a exponer su organización actual. Existen los Regimientos de Artillería de Campaña, los cuales se clasifican en montados desde el número 1 hasta el 13; llamándose al 4º Regimiento a Caballo, Regimiento de Sitio, 4° Regimiento de Montaña y uno Mixto de Ceuta; Comandancias de plaza que son las de Cádiz, Algeciras, Cartagena, Barcelona, Pamplona, San Sebastián , El Ferrol y ocho , secciones de obreros situadas en los Parques Móviles de Campaña de las ocho Regiones; una Comisión central de remonta que está en Madrid; un Depósito de sementales de Artillería en Hospitalet, tropas de la Comandancia de Mallorca y Grupo Mixto afecto a la misma; de las de Menorca y Grupo afecto a ésta; de las de Tenerife, batería mixta afecta a la misma Comandancia; lo mismo de la de Gran Canaria y tropas de la de Ceuta y Melilla, donde existe una batería de obuses de sitio.
Tratando ahora del Real Colegio Militar de Caballeros Cadetes de Segovia, comenzó el Conde de Gazola por expedir en 13 de Agosto de 1763 la Real Instrucción que prevenía las pruebas de nobleza que debían hacer los pretendientes construyéndose esta Compañía en el Alcázar de aquella, histórica Ciudad, corno ya hemos dicho el 16 de Mayo de 1764, extinguiéndose la Academia de Artillería que existía en Cádiz; en 1768 se expidió la ordenanza para este Real Colegio, limitándose a sesenta el número de Cadetes que eran de Real nombramiento e hijosdalgo notorios de sangre, aumentándose en 1781 a cíen las plazas; en 1784 se instaló solemnemente el Santísimo Sacramento en la Capilla del Alcázar, propia del Cuerpo. Por R.O. de 10 de septiembre de 1799 se les confirió el honor de alternar con los Guardias de Corps, tomando la izquierda de aquéllos; en 1804 se publicó el nuevo Reglamento disponiendo que el Director lo fuese el Príncipe de la Paz, teniendo que evacuar la Ciudad en 1808 y siendo disuelto en Sevilla en 1810, regresando a Segovia desde las Baleares, restablecido en el Trono Fernando VII (1814); viéndose otra vez obligado para salir a Badajoz, siendo disuelto el Colegio en aquella Ciudad en 1823; por R.O. de 2 de mayo de 1830 se aprueba el Reglamento del Real Colegio de Artillería de Alcalá de Henares, constando la Compañía de 60 Cadetes nobles, trasladándose a Madrid en 1837 y regresando a Sevilla en 1839; en 1843 se crea la Escuela de Aplicación cursándose los estudios en cuatro años: dos de Colegio y dos de esta Escuela, trasladada a Sevilla en 1855, regresando a Segovia el siguiente; en 1862 tuvo lugar el incendio del Alcázar, instalándose el Colegio en el ex-convento de San Francisco; en 1864 se trasladó a Madrid la Academia de Aplicación disponiéndose el regreso a Segovia en 1868, aprobándose el nuevo reglamento de la Academia por el que se asimilaban cuatro cursos en la carrera que había de seguirse en San Francisco (en esta época los Cadetes eran llamados Soldados Alumnos); en 11 de Febrero de 1873 acordó el Cuerpo de Artillería su separación del servicio, excepto los que estando en la guerra continuando en los puestos confiados a su honor; siguiendo la misma conducta los Alumnos, por lo que la Academia quedó también disuelta, si bien se organizó una Academia particular por alguno de sus Jefes y Oficiales y cuyos estudios fueron declarados válidos oficialmente; reorganizado el Cuerpo en 22 de septiembre del mismo año; por R.O. del 24 de julio de 1878, se aprobó el Reglamento orgánico de la Academia especial del Cuerpo de Artillería , hasta el 20 de Febrero de 1882 que .se crea una Academia General Militar en Toledo y una Academia de aplicación para cada Cuerpo y Arma. Se estudiaba en Toledo dos años, luego otro preparatorio y se pasaba con el empleo de Alférez Alumno a la Academia de aplicación en Segovia, donde aprobados otros tres ingresábase como Teniente en el Cuerpo, hasta que refundida la Academia de ampliación en 1893 en 15 de julio del mismo año, se verificó la primera convocatoria de ingreso directo en lo que es desde entonces Academia especial de Artillería, donde reciben la instrucción militar y científica aquéllos que han de continuar enalteciendo el lema de sus antecesores «Todos para cada uno y cada uno para los demás».
No podemos detenernos en las reseñas de aquéllas grandes epopeyas que lo mismo que Sierra Bermeja, Flandes, Bailén, Talavera, Espinosa de los Monteros y Puente de San Payo, Ocaña, Albuera, Castillejos, Bilbao, Zaragoza, Badajoz y Melilla, representan una lista de mártires del deber que encabeza don Francisco Ramiro de Madrid y termina don Pedro Sanz Mario, muerto heroicamente a orillas del Kert ; pero no daremos fin a nuestro trabajo sin que antes rindamos el culto merecido a la memoria de don Luis Daoíz y don Pedro Velarde, primeros mártires de la Patria en 1808, ya acreedores no solamente al reconocimiento de sus compañeros de armas, sino también al de la Nación Española. Ellos presintieron que en la boca de sus cañones estaba el destronamiento del invasor, y sin atender a otras miras que a las de su acendrado patriotismo, vieron llegar la muerte con paz serena y con el firme conocimiento de quien obrando de esta suerte redime a su Patria y a su Rey. Existente un Decreto de la Regencia de 7 de julio de 1812 por lo que se dispuso pasaran siempre revista en el departamento donde se hallase el Colegio de Artillería, y los Capitanes de este Cuerpo, para lo cual en el acto de nombrarlos el Comisario, habría de responder el Jefe más autorizado como presentes y muertos gloriosamente por la libertad de la Patria el 2 de mayo de 1808, por la R.O. de 25 de enero de 1817 se dispuso que los mencionados Capitanes dejasen de pasar revista en la Plana Mayor del Distrito de Castilla la Nueva, verificándose en la Academia del Cuerpo este acto, dándose por el Jefe de ella aquélla respuesta y a conocer el hecho que hace inmortal la memoria de tan esclarecidos artilleros. Dispuso lo mismo aquel decreto que ambos nombres se escribiesen a la cabeza de los Capitanes de la escala del Cuerpo expresando a continuación el lema anterior y que se escribiera un elogio de estos mártires para leerse precisamente todos los años en la apertura de la primera clase de los Caballeros Cadetes. Las Cortes y las regencias del Reino, decretaron la erección de un Monumento cuya construcción sancionó el Rey don Alfonso XIII (q. D. g.), que colocó la primera piedra en 6 de mayo de 1908 y el cual fue descubierto por el Soberano, el 15 de julio de 1910 enfrente del Alcázar Segoviano, antigua casa solariega de la Artillería, restituido a este Cuerpo merced a la munificencia del Rey que fue acompañado en tan solemne acto por S.A.R. la Srma, SS. Infanta doña Isabel, la Junta del Monumento debida a la inspiración de su autor el artista segoviano don Aniceto Marinas, Académico de las Bellas Artes de San Fernando, condecorado por S.M. con la Gran Cruz blanca del Mérito Militar y por todo el mundo oficial de Madrid y Segovia, rindiendo homenaje a los dos héroes de la Independencia Española. En la actualidad es Director de la Academia de Artillería el Sr. Coronel don Francisco Ortega y Delgado.

Madrid 23 de diciembre de 1912 Firmado y rubricado
Rubio y Ganga.

domingo, 30 de abril de 2017

BOSQUEJO HISTÓRICO DE LA LECTURA DE LA ORDEN Y COMO REALIZARLA

Articulo actualizado a 21JUN26

Aquellos que tienen unos cuantos trienios a sus espaldas recordaran, cuando entraban de sargento de semana, la lectura de la Orden en la lista de Retreta.

Actualmente se ha perdido dicha costumbre en muchas Unidades, pasando a ser consultada (en el mejor de los casos) por medios informáticos, desconociendo los «más modernos» la liturgia a seguir en dicho acto. Se podría decir que existía una unidad de doctrina para su lectura, solo había ligeras diferencias según costumbre y tradición en cada Unidad. Pero ¿Cuál es su origen?

LAS ORDENANZAS DEL ARCHIDUQUE CARLOS 1706

Nos tenemos que remontar a las Ordenanzas del archiduque Carlos de 1706 para poder leer la «forma de dar la palabra», que no era otra cosa que la transmisión de las órdenes o providencias emanadas de la Superioridad siguiendo un conducto reglamentario de doble vía. El General en Jefe del Ejército, que es el que las da, Mariscales, Generales de Infantería y Caballería, Mariscales Tenientes, Generales de Batalla y Sargentos Mayores de los Regimientos, que son los que por último, las reciben en representación de sus Coroneles, los cuales no se alejan de la inmediación de las tropas. La Artillería recibe sus órdenes directamente del General en Jefe. Además de esta vía, en evitación de errores y como confirmación, señala el artículo 7, la de los Ayudantes Reales y Ayudantes Regimentales, por medio de los cuales también se circula la Orden de forma que, si se tiene la certeza de su exactitud, se distribuye entre los Sargentos de los Compañías para que estos las lleven a sus Capitanes, y si no concuerdan las dos versiones, se envía de nuevo a informarse sobre cuál es la cierta. La palabra se difundía por la noche, lo más temprano por la tarde, difundiéndose en dos niveles, en el Cuartel General y «delante del Estandarte del Coronel». Para el Regimiento de su Guardia Real, el Archiduque se reserva la potestad de darle la Orden personalmente o a través del Comandante General, y para el Capitán que monta el destacamento de guardia la delega en el Ayudante Real de facción.

Artículo 1.[1] «El General Comandante de toda la Armada da el mismo la palabra a aquel General o demás Generales de igual grado que estén devajo su mando, como si el General Comandante es  Mariscal da la palabra a otro Mariscal más moderno y este a todos los Generales así de Infantería como de Cavallería que están en la armada (cuales ahora se estiman en igual grado) y al mismo tiempo cada uno de estos da a aquel Mariscal Theniente como el de la Cavalleria a los Mariscales Thenientes de la Cavalleria y el de la Infanteria a los de la Infanteria y en falta de Mariscal Theniente a aquel General de Batalla de su Brigada. Cada Mariscal Theniente le ha de dar al General de Batalla que es devajo de su mando con la misma diferezia de Cavalleria y Infanteria. Los Generales de Batalla cada uno la da alos Sargentos Mayores de los Regimientos de sus Brigadas y en falta de estos a los Capitanes que hazen tal oficio y estos la llevan a los Comandantes de los Regimientos.»

Artículo 2. «Se advierte que si el Sargento Mayor es el mismo comandante de el de Regimiento, el mismo ha de ir a tomarla.»

Artículo 3. «La palabra se da a todos en el quartel del General Comandante, donde por tal efecto se juntan todas las noches los Generales.»

Artículo 4. «Si un General Subalterno fuese mandado con un destacamento poco lexos de el campo entonces puede dexar de ir en persona, embiando el Ayudante a tomar la palabra y si viene mandado fuera en destacamento por alguna función da el mismo la palabra a sus tropas.»

Artículo 5. «La Guardia de Campaña toma la palabra de aquel General de Batalla que en aquel dia tiene su inspección sobre dicha guardia y por que el Cavo de la guardia no puede ir en persona a tomarla embia un oficial, y de todos los otros puestos embian un oficial a tomar la palabra del otro Cavo no dándola a las Centinelas.»

Artículo 6. «En el destacamento mandado de un Sargento General de Batalla en que concurrirán algún Coronel o Theniente Coronel, embiaran estos últimos a sus Sargentos Mayores o a los Capitanes, que exercieren el puesto de Sargento Mayor, a tomar la palabra y si el destacamento es mandado de un Sargento Mayor o Capitan, estos tienen la obligación de ir en persona a tomarla del General de Batalla, que manda como Cavo según se ha dicho con los Regimientos.»

Artículo 7. «La misma palabra y orden viene dada del General Comandante a su Ayudante Real y este la da a los Ayudantes Reales de los Comandantes Subalternos y assi de mano en mano passa por os Ayudantes Reales hasta aquellos de los Generales de Batalla y cada uno de estos tiene obligación de darla a su General, para que siempre se doble y preguntar si es menester a los órdenes alguna cosa y en particular por su Brigada, y después los Ayudantes Reales de los Generales de Batalla la dan a los Ayudantes de Regimientos y estos las llevan a sus Comandantes, cada uno de su Regimiento. Si estos son Coroneles la deven también dar a los Thenientes Coroneles y Sargentos Mayores, después el Comandante de el Regimiento recive la palabra de su Sargento Mayor o Capitan que haze el oficio de Sargento Mayor y con la que ha recivido de su Ayudante averigua si concuerdan y si no concuerdan, embia denuevo a informarse de el General de Batalla por saver la certeza de el orden. Si después concuerdan manda el Ayudante que la de y este llamando todos los Sargentos delante de el Estandarte del Coronel, les da la palabra y orden, y cada Sargento la da a su Capitan, Theniente Coronel o Alferez y por ultimo a sus Caporales.»

Artículo 8. «Si acaso un destacamento fuesse mandado de un Sargento Mayor que no tuviesse consigo ayudante del Regimiento, puede entonces tomar un Sargento o Caporal el que por aquel tiempo exerze el cargo de Ayudante, el cual haze lo mismo que se ha dicho de los Ayudantes de Regimientos dando la palabra a los Sargentos que se hallaren en dicho destacamento y estos a sus Capitanes, Thenientes Coroneles o Alferezes de la misma manera que si fuera un Regimiento.»

Artículo 9. «El Coronel de el Regimiento de Nuestra Real Guardia a quien conzedemos el rango sobre los demás Coroneles, no tomara la palabra sino de nos y en nuestra ausenzia del Comandante General, quedando a el cuidado del mismo Coronel repartirla entre los subalternos de su Regimiento, menos al Capitan que se hallare mandando nuestra Guardia que la tomara en la misma forma que el Coronel con la circunstanzia que si en ausenzia de el Coronel, comandare el Regimiento el Theniente Coronel o Sargento Mayor esta la deva siempre tomar del inmediato a nuestra Persona. Si el Capitan que montara nuestra Guardia, no es del Regimiento de la Real, tomara la palabra de nuestro Ayudante Genereal que estuviere de guardia.»

Artículo 10. «La Artillería no tomara la palabra sino solo de el General Comandante y aunque la dicha fuesse mandada de un Theniente de Artilleria no está sugeta a otros Generales.»

Artículo 11. «Si fuesse caso que un Cuerpo estuviessen dos solos Generales de igual grado y encargo, entonzes el más antiguo manda, dando la palabra y orden al más moderno y este a los otros, según se ha dicho, y si faltasen Mariscales Thenientes, los Generales de Cavalleria y Infanteria dan la palabra alos Generales de Batalla.»

Artículo 12. «Hallandose uo o más Mariscales Thenientes en un Exercito y ningún General de Batalla, entonzes hazen el oficio de General de Batalla los Coroneles más antiguos, uno, dos o más conforme la necesidad que huviere y en el caso de no haver Coroneles hazen dicho oficio los Thenientes Coroneles más antiguos. En fin, siempre que faltare el grado superior, el más próximo subalterno y más antiguo de sus iguales debe exerzer aquel cargo en el ínterin.»

Artículo 13. «Generalmente por todos se ha de saver que aun que haya la diferenzia de general de la Cavalleria e Infanteria, Mariscal Theniente y General de Batalla, no por esso hallándose o no solo de cualquiera de los dichos Generales, dexa de mandar a los dos Cuerpos. Assi también se entienda que si un Coronel o Theniente Coronel haze ofizio de General de Batalla, siendo solo, manda de la misma manera y da la palabra a los dos Cuerpos. Pero si se hallaran dos Generales de Batalla, uno de Infanteria y otro de Cavalleria no estando otro General de grado superior, entonzes cada uno de estos manda a su Cuerpo, el de Infanteria a la Infanteria y el de Cavalleria a la Cavalleria.»

LAS ORDENANZAS DE FELIPE V 1728

De igual manera las «Ordenanzas de su Magestad, para el régimen, Disciplina, Fubordinacion y Fervicio de la Infantería, Cavalleria y Dragones de sus Exercitos en Guarnición y en campaña» de 1728, volvían a marcar la forma de difundir la Orden en el Libro III, Titulo VI: «Forma en que fe ha de dar la Orden, y el Santo para las Guardias y pueftos de la Plaza y a las tropas de la Guarnición»

Artículo 2. «Si dentro o fuera de las Plazas huviere Ciudadela, Caftillos o Fuertes dependientes del Governador, iran los que mandaren a recibir la orden del dicho Governador a la hora que les deftinare, fegun las diftancias; y en cafo de no poder ir perfonalmente, embiaran a fu Sargento Mayor por ella; y fi en lugar de efte va el Ayudante, fe la dara el dicho Governador por efcrito y fellada  para que la lleve al Comandante de la Ciudadela, Caftillo o Fuerte, el cual la diftribuira defpues de cerradas las puertas de fu Fortaleza, afsi como queda prevenido por punto general en quanto a la Plaza»

Artículo 3. «Las Guardias o pueftos de afuera de la Plaza, embiaran por la Orden a cafa del Governador de ella una hora antes de haverfe de cerrar las puertas, y fe les dara la Contrafeña la qual fe havra de diftribuir en la forma arriba expreffada»

Artículo 4. «Cerradas las puertas de la Plaza, y vueltas las llaves en cafa del Governador, dara efte el Santo y la Contrafeña, y la Orden al Teniente de Rey, donde le huviere, quien la comunicara al Sargento Mayor de la Plaza, para que la diftribuya»

Artículo 5. «El Governador de la Plaza, defpues de dado el Santo, y la Contrafeña, expedirá las ordenes que hallare convenir para la noche, y día figuiente, como otras cualefquiera, para el fervicio de la Plaza, y Tropas de fu Guarnición»

Artículo 6. «El Sargento Mayor de la Plaza recibirá la orden por efcrito, y la diftribuira en la mifma forma, afsi como el Santo, y la Contrafeña a los Sargentos Mayores, y en fu aufencia a los Ayudantes Mayores de los Regimientos para fus Cuerpos; y afsimifmo el Santo, Contrafeña, y ordenes particulares para la noche en la Muralla a los Sargentos de las Guardias, y pueftos, a los cuales pondrá el Sargento Mayor en círculo por fu orden y dara el Santo y Contrafeña al de fu derecha, haciendo que corra de uno al otro, hafta que le reciba del de fu izquierda, y reconozca, que queda bien dado, y entendido, y cuidara que cada Sargento le ponga por efcrito.»

ORDENANZAS DE CARLOS III 1768

No sería hasta la llegada de las «Ordenanzas de SM para el régimen, disciplina, subordinación y servicio de sus ejércitos» del año 1768 para encontrar una normativa que regule con más profundidad dicho acto.

En el artículo 14 (Tomo I, Tratado II, Titulo II) del Cabo podemos leer 

«El Cabo primero, y el segundo recibirán con gorra quitada la orden del Sargento, y poniéndosela después de este acto el primero, formará en ala su Esquadra para comunicarla á sus Soldados; estos, y el Cabo segundo se descubrirán á un mismo tiempo, manteniendo su gorra en la mano derecha , que dexarán caer con ayre, y uniformidad sobre los pliegues de la casaca; y en esta disposición, guardando todos silencio, y compostura, les explicará el primer Cabo la Orden General, que haya recibido, nombrará los que entran de servicio el día siguiente, y añadirá las prevenciones que tenga por convenientes para la policía , y gobierno de su Esquadra.»

En su artículo 21 del tratado anterior, explicaba cómo debía llevar el arma: 

«Para llevar, y dar la orden a su Oficial, tendrá el Cabo su Arma afianzada; y después de recibir la que aquel le comunique, dara media buelta a la derecha, y se retirara.»

Al tratar las obligaciones del Sargento en su Tomo I, Tratado II, Titulo IV, apuntaba:

Artículo 11. «Los Sargentos alternaran entre si para tomar la Orden, llevarla a sus Oficiales, distribuirla a los Cabos primeros, y segundos, que estuviesen encargados de Esquadras, y revisar los que entran de servicio; pero si el Sargento primero tuviese otras ocupaciones a que atender, podrá prevenirlo a los de segunda clase, para que uno de estos desempeñe aquella parte a que no pueda sistir.»

Artículo 12. «El Sargento que vaya a la Orden del Cuerpo, acudirá con puntualidad a la hora señalada, y parage en que se distribuye; no haviendo Sargento en la compañía, ira el Cabo más antiguo de ella, que sepa escribir para tomarla: formaran todos rueda, empezando los Sargentos desde la derecha: a estos seguirán los Cabos, que la cerraran, tomando unos, y otros en su respectiva clase la preferencia de sus compañías: todos descansaran sobre las Armas, escribirán la Orden, teniendo la gorra puesta; y de la Guardia de prevención se pondrán con anticipación quatro centinelas con la espalda a la rueda, y las armas presentadas, para zelar que nadie se acerque a oir la Orden, manteniéndose en esta disposición hasta que salga del circulo el Oficial, que la haya dado.»

Artículo 13. «El Sargento que estuviese a la Orden, ira a comunicarla a su Capitan, inmediatamente que la tome: recibirá la suya, y con la general del Cuerpo la llevara al Teniente, y Subteniente: luego la dara a los demás Sargentos, y Cabos encargados de Esquadras, que en la misma Compañía se juntaran para recibirla. Si el Sargento que huviere tomado la Orden fuese de segunda clase, deberá comunicarla al primero, y este juntar los de segunda clase, y los primeros Cabos para darla: pero no estando en el Quartel, no se dilatara la Orden y la dara el que la haya recibido, repitiéndola al primer Sargento, cuando se presente en la Compañía.»

Artículo 14. «El que vaya a llevar la Orden a sus Oficiales; tendrá recogida su Alabarda, u terciado su Fusil, sin variarle de esta posición, mientras la comunique; y en su despejo, puntualidad, y buen ayre, dara a conocer su aplicación y cuidado.»

Artículo 15. «El sargento que asista a la Orden, noticiara al Ayudante de Semana cada noche la gente efectiva, y presente, que tiene su Compañía en estado de servicio.»

En el Tomo I, Tratado II, Titulo XII, relata las obligaciones del Sargento Mayor de Infantería:

Artículo 13. «El Sargento Mayor acudirá  cada día a casa del Coronel (a la hora que éste señalare) por la Orden del Cuerpo; la recibirá allí mismo del Teniente Coronel, y la dará al Ayudante para distribuirla en el Regimiento; y si, por vacante, ausencia, u otro accidente, tuviese el mando del Regimiento el Teniente Coronel, el Sargento Mayor ira diariamente a su casa a tomar la Orden, y darle parte de quanto haya ocurrido en el Cuerpo, digno de su noticia, como principal Gefe entonces.»

En otro de sus artículos nos señala: «Al toque de la Generala dará pienso, y limpiará el cavallo, disponiéndole para la marcha: al de Botasilla el Soldado de Cavallería, y al de Asamblea el de Dragones pondrán la silla, y grupa, apartándose para montar, sin salir del Quartel, o alojamiento, ni quitar el cavallo del pesebre, para que no se fronte contra él, ni las paredes, y a fin que no maltrate, ni descomponga la grupa, silla, o fundas, se mantendrá a la vista de él, y esperará con atención al toque de A cavallo. A punto que lo oyga, pondrá la brida, y saldrá a formar el parage señalado en la orden, cuidando de que el ronzal esté bien empalmado, y sin hilachos, y curiosamente recogido con una correa, que llevará para este fin bajo la tapafunda izquierda, teniéndole siempre de buen uso para encadenar sin embarazo los caballos, quando deban echar pie a tierra los Dragones.»

REGLAMENTO PARA EL DETALL Y RÉGIMEN INTERIOR DE LOS CUERPOS DEL EJÉRCITO

Así mismo el Reglamento provisional para el Detall y Régimen Interior de los Cuerpos del Ejército, en su edición de 1940, marca en su artículo 303, modificado por la Ordenanza del Ejército en su artículo 14, nota 61, que

«…..el Sargento de Semana lee la orden a toda la Compañía formada, permaneciendo la Tropa en la posición de firmes.»

La misma normativa en su artículo 300: 

«Precedido el toque correspondiente, se reunirán los sargentos que han de tomarla en el local designado al efecto, donde siempre que sea posible, deberá haber una mesa y bancos en que puedan sentarse y copiar con limpieza y claridad, en inteligencia de que estarán todos descubiertos y solo permanecerán sentados mientras escriben.»

Posteriormente, en la Ordenanza del Ejercito en su edición del año 1944, plasmaba en el artículo 14 del Cabo: 

«El Cabo recibirá con gorra quitada la orden del Sargento, y poniéndosela después de este acto, formará en una fila su escuadra para comunicarla a los Soldados; estos se descubrirán al mismo tiempo, manteniendo su gorra en la mano derecha, que dejaran caer con aire y uniformidad sobre el costado; y en esta disposición, guardando todos silencio y compostura les explicará el Cabo la orden general que haya recibido, y añadirá las prevenciones que tenga por conveniente para la policía y gobierno de su Escuadra.»

En el Apéndice a la recopilación del Reglamento de Régimen Interior en su primera edición de junio de 1975, en su Título II, «del Cabo», nos relata en los siguientes artículos sus misiones respecto a la Orden del día:

Artículo 14: «el cabo recibirá descubierto la Orden, y cubriéndose después de ese acto, formara su escuadra para comunicarla a los soldados, que se descubrirán, manteniendo su gorro en la mano derecha que dejara caer con aire y uniformidad sobre el costado, en esta disposición, guardando silencio y compostura, explicará el cabo la Orden que haya recibido y añadirá las prevenciones que tenga por conveniente para la policía y gobierno de su escuadra.»

Artículo 44, «El Cabo, que estuviere mandando un puesto, enviará por la Orden a un Soldado al Principal o lugar señalado para darla, siempre que estuviere independiente; pero si estuviere en avanzada o paraje dependiente de otro puesto, enviará por la orden, a la Guardia de que haya sido destacado». La misma publicación aclara el artículo concluyendo que «actualmente reciben la orden».

Artículo 49, se declaró en desuso por lo dispuesto por el Régimen Interior para recibir la Orden. En su publicación original decretaba: «Los Cabos, y Soldados habilitados para recibir la Orden, formarán rueda con los Sargentos destinados a igual fin, prefiriendo en el círculo (con inmediación por su derecha al Sargento Mayor, o Ayudante que la distribuya) los Sargentos, a que seguirán los Cabos, y a estos los Soldados, tomando dentro de cada clase su respectivo lugar por antigüedad de Cuerpos: y para no permitir, que persona alguna se acerque, se proveerán de la Guardia Principal quatro Centinelas, que se mantendrán con las Armas presentadas, y la espalda al círculo mientras el Sargento Mayor, o Ayudante estuviere dentro de él».

Artículo 66: «Para dar la orden, pasar Listas, y Revistas de aseo, y armamento, señalará el cabo a los soldados de su escuadra la hora en que deben acudir a la casa en que se aloja, y en los días de marcha les prevendrá asimismo, la hora en que deben estar a su puerta dispuesto para ella, procurando anticiparla, para que no se retarde la incorporación de la Compañía en el paraje señalado».

REALES ORDENANZAS DEL EJÉRCITO DE TIERRA 1983

Las Reales Ordenanzas para el Ejército de Tierra, (Real Decreto 2945/1983), en su Tratado Primero, Titulo III «De los Mandos de Unidades, Centros y Organismos», artículo 44, reza: 

«De acuerdo con las órdenes superiores recibidas, dictará la Orden Diaria y señalará el horario de los actos propios de su Unidad y las condiciones de ejecución. En los actos que se realicen conjuntamente con otras Unidades o Centros se atendrá a las instrucciones del Jefe de la Base o Acuartelamiento».

Así mismo en su Tratado II, Titulo VIII, artículo 176, «de las Guardias de Orden, del Sargento de Cuartel», marca las obligaciones de éste: 

«Presenciará diariamente la lectura de la Orden y de la lista de las Guardias, y cuidará de que ambas queden colocadas en lugar visible.»

NORMAS SOBRE MANDO Y RÉGIMEN INTERIOR DE LAS UNIDADES E INSTALACIONES DEL EJÉRCITO DE TIERRA

En la Orden Ministerial 50/2011 por la que se aprueban las normas sobre Mando y Régimen Interior de las Unidades e Instalaciones del Ejército de Tierra, su artículo 39 reza:

1.  En cada unidad de las contempladas en el artículo 5.2 y en cada instalación, se publicará una orden de la unidad o instalación.

2.  La orden es un documento mediante el que se publican aspectos relevantes de la vida y funcionamiento de la unidad o instalación, como entregas y sucesión de mando, cambios internos de cargo o puesto, realización de actividades extraordinarias, modificaciones temporales del horario establecido, felicitaciones y, en general, todo aquello que se considere de interés para conocimiento general. Además de lo anterior, podrá incluir efemérides, preferentemente relacionadas con el historial de la unidad o del Ejército, y una relación de los nombrados para las distintas guardias.

3.  La orden se publicará con la periodicidad, o según el criterio, que determine el jefe de la unidad o instalación. Su difusión se podrá realizar en formato impreso o electrónico, según lo previsto en el Libro de Normas de Régimen Interior.

EL REGLAMENTO DE ORDEN CERRADO

No menos importante es la posición adoptada y los movimientos de «descubrirse» y «cubrirse» en la lectura de la Orden del día. Dicha posición y movimientos son tratados efímeramente en los Reglamentos de Orden Cerrado. Así el actual PG-01 Orden Cerrado Individual en su punto 1.2.b y los derogados PG-00, RE6-002 y R-0-3-8 nos indican que los movimientos de «descubrirse» y «cubrirse» se realizaran, entre otras circunstancias:

«Al iniciar y terminar la lectura de la efeméride diaria y las Reales Ordenanzas (al leer la orden).»

 LOS TOQUES DE ORDENANZA

Como no podía ser de otra manera existía un toque para la Orden. Así lo estipulaba en el Tomo II, Tratado IV, Título I de las «Ordenanzas de SM para el régimen, disciplina, subordinación y servicio de sus ejércitos» del año 1768:

Artículo 12. «La Orden se tocara, siempre que se haya de llamar a los entre quienes deba distribuirse.»

En los distintos Reglamentos publicados se empleaba para:

-        1808: Se tocará siempre que se haya de llamar a los individuos o cuerpos entre quienes debe distribuirse.

-        1815: Acudir a tomar la Orden.

-        1850: Se tocará siempre que se haya de llamar a los individuos que deben tomarla.

-        1899: Se emplea este toque para llamar a los que tienen que acudir a tomarla en cada cuerpo.

-        1890-1893-1916: Determina el modo de recibirla y comunicarla.

-        1889-1896-1939-1955-1969: Para ir a tomarla por escrito.

En el breviario del soldado y de los mandos inferiores ¡Vencer!, en las ediciones publicadas desde 1952 a 1981, en la Lección 1ª «del horario y de los toques militares», regulaba el toque de Orden como «ir a tomarla por escrito. A continuación, cada sargento de semana va a recibirla de su capitán»

EL DESARROLLO DEL ACTO Y ESTRUCTURA DE LA ORDEN

Hemos visto hasta aquí el origen y vicisitudes de la lectura de la Orden, pero realmente en ningún tratado actual se contempla explícitamente como se desarrolla dicho acto y la estructura de la misma. Podemos afirmar que el procedimiento para la lectura de la Orden diaria y los servicios ha sido el siguiente (en su forma más completa), salvo ligeras diferencias por tradición y costumbre de ciertos Cuerpos:

1.       El Sargento de Cuartel procede a la lectura de la Orden diaria y los servicios en la Lista de Ordenanza.

2.       Leerá el encabezamiento de la Orden (fecha, lugar, número, etc.) y posteriormente el más caracterizado mandará a la fuerza formada:

-        Firmes

-        Descubrirse

3.       Procederá a la lectura en esta posición de:

-        Efemérides

-        Artículo de las Reales Ordenanzas.

4.       Una vez acabada la lectura de ambos apartados mandará:

-        Cubrirse

5.       En esta posición procederá a la lectura de:

-        Artículos de la Orden de la Plaza o Base (horario general, Uniformidad, etc). 

-        Empleo y nombre de la Autoridad

-        Artículos de la Unidad (destinos, altas/bajas, ejercicios, ascensos, vicisitudes varias de la Unidad, etc.)

-        Empleo y nombre del Jefe de Unidad

6.       Acabado el punto anterior mandará descanso y continuará leyendo:

-        Servicios de la Base/Acuartelamiento

-        Servicios de la Unidad 

-        Empleo y nombre del Jefe de los Servicios

-        Minuta de cocina

-        Empleo y nombre del Jefe de Alimentación

7.       Aquellos a los que correspondiera algún servicio contestarían al ser nombrados «Presente y tipo de servicio» (si procediese).

8.       Al final de la lectura de los servicios el Sargento de Cuartel preguntaría « ¿Alguna reclamación al servicio?» (si procediese).

9.       Si la Unidad tuviera aprobados algún lema, decálogo o grito de guerra, sería el momento para recitarlos.

10.    Acabada la lectura de la Orden mandará firmes y dará las correspondientes novedades al Superior Jerárquico presente más caracterizado.

Sin ánimo de hacer un listado exhaustivo, los temas que podrían ser motivo de publicación en la Orden podrían ser:

1.       Horario.

2.       Arriado de Bandera y toque de Oración.

3.       Formaciones

a.       Actos

b.       Ensayos

4.       Festividades

a.       Patronas

b.       Día Unidad

5.       Actividades

a.       Ejercicios y maniobras

b.       Prueba de Unidad

c.        Ejercicios de tiro

d.       Marchas

e.       Actividades de interés para la Unidad

6.       Presentaciones Personal

a.       Por destino o comisión

b.       Por regreso de ZO

7.       Ausencias

a.       Cese en el destino por cambio o ascenso

b.       Comisión de servicio

c.        Participación en operaciones

d.       Participación en cursos

e.       Ausencias que se consideren de interés

8.       Ascenso sin cambio de destino

9.       Formación de Juntas o Comisiones

a.       Juntas de Evaluación Compromisos

b.       Juntas Calificación IPEC

c.        Responsable políticas acoso sexual

d.       Iniciativas y quejas

Recompensas

a.       Condecoraciones

b.       Felicitaciones

c.        Soldado Ejemplar

d.       Hechos relevantes de personal de la Unidad

          Mando

a.       Toma de Mando

b.       Relevos de mando interino y accidental hasta nivel Sección.

Para poder llevar a cabo con éxito la publicación y conseguir que sea un documento de referencia para el historial de la Unidad, es necesaria la participación activa de todas las pequeñas Unidades de la Unidad así como de las Planas Mayores. Si no es así, si la información no fluye ni es veraz, se convertirá en una simple hoja con más contras que pros.

Los textos de los artículos de la Orden del Regimiento deben ser claros, sencillos y lacónicos presentando la información exacta, explicita y terminante de lo sucedido así como un lenguaje militar manteniendo vigentes palabras y acepciones que no son usuales en el lenguaje común. Un buen sistema seria guardar como ejemplo un artículo de cada tema publicado.

No menos importante es la publicación de las guardias. Aunque haya ordenes particulares para el nombramiento de una determinada guardia, su publicación y categorización cobra importancia.

Como se habrá podido observar, al final de cada bloque aparece la conformidad, con el nombre y empleo de la Autoridad correspondiente. Tradicionalmente se solía firmar con el empleo y dos apellidos, por ejemplo «El Coronel, Sánchez Ramírez», «El Capitán Inspector de Cocina, Gallego Calatrava», etc. En otras ocasiones en lugar de los dos apellidos aparecía el nombre completo y en otras al final del nombre la palabra «rubricado». Actualmente, creo que de manera errónea, en algunas Ordenes se puede observar que los datos de la Autoridad aparecen de la siguiente forma: «El Coronel, Fdo. Ilmo. Sr. D. José Pérez Pérez». En mi opinión debería utilizarse la forma tradicional.

 Finalmente, el ejemplar de la Orden que en ese momento se está utilizando, no deja de ser una copia de la original que queda custodiada en el archivo correspondiente. Así, los que nos precedieron, daban fe de que era copia del original y lo más importante, que se distribuía, de la siguiente manera: «Confrontada y distribuida a las 1400, el Secretario Asensio Santamaría» o «Es copia, comunicada a las 17 horas, el Secretario Asensio Santamaría»



 [i] Los textos de los artículos se transcriben tal cual aparecen en los originales. 

LA ORDEN DE UNIDAD A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS