Artilleros, Artilleros, marchemos siempre unidos siempre unidos de la Patria, de la Patria, de la Patria su nombre engrandecer, engrandecer. Y al oír, y al oír, y al oír del cañón el estampido, el estampido nos haga su sonido enardecer. España que nos mira siempre amante recuerda nuestra Historia Militar, Militar, que su nombre siempre suena más radiante a quien supo ponerla en un altar. Su recuerdo que conmueve con terneza, dice Patria, dice Gloria, dice Amor, y evocando su mágica grandeza, morir sabremos, por salvar su honor. Tremolemos muy alto el Estandarte, sus colores en la cumbre brillarán, y al pensar que con él está la muerte, nuestras almas con más ansia latirán. Como la madre que al niño le canta la canción de cuna que le dormirá, al arrullo de una oración santa en la tumba nuestra, flores crecerán. Marcharemos unidos, marcharemos dichosos seguros, contentos de nuestro valor, y cuando luchando a morir lleguemos, antes que rendidos, muertos con honor. Y alegres cantando el Himno glorioso de aquellos que ostentan noble cicatriz, terminemos siempre nuestro canto honroso con un viva Velarde y un viva Daoiz. Artilleros, Artilleros, marchemos siempre unidos siempre unidos de la Patria, de la Patria, de la Patria su nombre engrandecer, engrandecer. Y al oír, y al oír, y al oír del cañón el estampido, el estampido nos haga su sonido enardecer. Orgullosos al pensar en las hazañas realizadas con honor por nuestra grey, gritemos con el alma un viva España y sienta el corazón un ¡viva el Rey!
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jueves, 27 de agosto de 2009

Galeria Militar. Sargento Alfonso Ortiz Martinez

He aqui un nombre que no debe ser pronunciado por los españoles sin veneración, porque el Sargento Ortiz fue, sin duda alguna, el más héroe entre los héroes (Sargento Basallo refiriendose al Sargento Ortiz). Entre las multiples formas que reviste el deber militar resplandecen las que abrillantan los actos meritorios realizados por un grupo de bizarros prisioneros, los cuales han sabido demostrar que, bajo los techos mas menguados, puede mostrarse alta y erguida el alma de los buenos. Toda España conoce y celebra el nombre del Sargento Basallo; sus actos de abnegación fraernal en defensa y consuelo de sus compañeros de infortunio, dignos son del mayor aplauso. Al mencionado Sargento debemos el conocer las nobilisimas acciones del sargento del Regimiento Mixto de Artilleria de Melilla Alfonso Ortiz Martinez, merecedoras ciertamente de ser publicadas y difundidas en nuestros Cuerpos armados, para emulacion y orgullo de las bizarras clases que con tan alto espiritu coadyuvan y facilitan la labor constante de sus oficiales, unidos siempre a ellos por estrechos vinculos de reciproca estimación.
Alfonso Ortiz Martinez servia en la sexta Bateria de montaña del expresado Regimiento, y fue hecho prisionero en uno de los infinitos episodios del sombrío drama, en el cual dejamos pasar ocultos e inadvertidos tantos hechos dignos de ser guardados entre los que ilustran nuestras tradiciones militares.
Una vez cautivo, el Sargento Ortiz consagró sus esfuerzos a ser constante bienhechor de sus compañeros de infortunio, disputando para ellos mejoras en la alimentación escasa, cuidando a los enfermos, amparando a los más débiles.
Cubrían los campos del desastre centenares de cadáveres insepultos, pasto de alimañas. Ortiz solicita pasar con unos cuantos compañeros a Igueriben; construyen con piadoso celo un sepulcro y dan tierra al Comandante Benitez, Capitan La Paz y Tenientes Bustamante y Nougués, juntamente con otros 400 cadaveres. esta sepultura es cubierta con una lápida, en la que se lee la fecha y el número de los sepultados. Jamas muestra Ortiz fatiga en la labor penosa de transportar los restos en plena descomposición.
El tifus que causa estragos entre los mal alimentados prisioneros, es por él combatido con ejemplar solicitud, no le arredra el peligro del contagio, del cual fue, al cabo, victima valerosa. Muchos deben al abnegado Sargento una vida, comprada al precio de la suya.
Pero no han sido estos actos de caridad los mas preciados entre los realizados por él. Los moros, dueños, por la traición, de un material de guerra que desconocen, tratan de utilizar los conocimientos de los artilleros cautivos, y piden voluntarios para tan innoble objeto. Es desconocer el espiritu de aquellos valientes, quienes se niegan, resueltos y unánimes, a prestarse a tal infamia.
Abd-el-Krim pretende que los artilleros disparen los cañones contra el campamento de Dar Drius, a lo que se niegan rotundamente. Abd-el-Krim les amenaza con enviar a todos los prisioneros, sin distincion de sexo ni edad, a la linea de fuego, para dedicarlos a la construcción de trincheras. A punto de realizarse disposición tan inhumana, el Sargento Ortiz, con tres artilleros más, finge acatar las órdenes del jefe moro, y una vez en su presencia, y con evidente desprecio de la vida, le manifiesta que nunca ni por ningun concepto realizará el menor acto que pudiera hacerle aparecer como traidor a su Patria.
El astuto moro le asegura que solamente se trata de limpiar unos cierres; simula Ortiz que accede a tal propósito, con el suyo firmísimo de inutilizar diestramente todos los cierres que le den a limpiar, aunque tenga que hacerlo en presencia de un centinela de vista. En efecto, burlando la vigilancia de éste, escamotea los percutores, inutilizando así definitivamente un considerable numero de cañones. Peligrosa era la substracción de aquellas piezas; pero no lo era menos el conservarlas en su poder, con riesgo inminente de sufrir muerte y tormento si el hallazgo de las mismas ponía en conocimiento de los moros su intención, para ellos tan dañosa.
No sabemos que revela mas animosa sangre fria, si el escamoteo de los percutores en las barbas del celoso centinela, o el guardar sobre si pruebas tan comprometodoras, y cuyo descubrimiento hubiera acarreado horrible muerte al bravo Ortiz.
Trabajo cuesta comprender que impulso le movió a conservar sobre su cuerpo tales percutores; acaso soñaba en reconstituir con ellos el cañón inutilizado, que su fe patriotica le hacia ver en breve plazo en manos nuevamente de sus dueños por fuero de reconquista; tal vez quiso acreditar, con irrefutable testimonio, la hazaña obscura y provechosa, que convertía en masa inerte 18 cañones. solo al sentir que la muerte daba al pobre cautivo libertad gloriosa, descubrió su peligroso secreto, e hizo entrega de aquellos percutores al Sargento Basallo, quien recogió con ellos su ultimo suspiro. El sargento Basallo lo relataba de la siguiente manera: " Momentos antes de morir, me llamó a su lado, me besó y me recomendo que si algun dia regresaba a España, visitara a sus padres y les llevara los besos que me daba. Despues me dijo que metiera la mano debajo de la almohada. Hicelo asi, y tropecé con un bolso, en el que habia guardado 22 percutores de cañón. Ya ves, me dijo, haciendo un supremo esfuerzo por hablar, lo que un español es capaz de hacer por su Patria."Los prisioneros, por quienes dio su vida, rodeaban su lecho. Ante él velaba, silenciosa y doliente, la imagen de la Patria, para la cual ningun sacrificio queda oculto, y que besa con más amor la frente de los mas humildes.
Acaso el héroe mismo no sospechó la grandeza de su abnegación. Los artilleros no la olvidaremos nunca.
Bibliobrafia
Memorial de artilleria
Memorias del sargento Basallo

2 comentarios:

El Capitán Escarlata dijo...

Mal destino tiene una nación que olvida con facilidad a los hombres que han dado su vida por ella.

Expresiones tristes varias.

Javier Sánchez Regaña dijo...

Hacía tiempo que no se oia hablar del sargento Ortiz. Bien por recordarlo.