Artilleros, Artilleros, marchemos siempre unidos siempre unidos de la Patria, de la Patria, de la Patria su nombre engrandecer, engrandecer. Y al oír, y al oír, y al oír del cañón el estampido, el estampido nos haga su sonido enardecer. España que nos mira siempre amante recuerda nuestra Historia Militar, Militar, que su nombre siempre suena más radiante a quien supo ponerla en un altar. Su recuerdo que conmueve con terneza, dice Patria, dice Gloria, dice Amor, y evocando su mágica grandeza, morir sabremos, por salvar su honor. Tremolemos muy alto el Estandarte, sus colores en la cumbre brillarán, y al pensar que con él está la muerte, nuestras almas con más ansia latirán. Como la madre que al niño le canta la canción de cuna que le dormirá, al arrullo de una oración santa en la tumba nuestra, flores crecerán. Marcharemos unidos, marcharemos dichosos seguros, contentos de nuestro valor, y cuando luchando a morir lleguemos, antes que rendidos, muertos con honor. Y alegres cantando el Himno glorioso de aquellos que ostentan noble cicatriz, terminemos siempre nuestro canto honroso con un viva Velarde y un viva Daoiz. Artilleros, Artilleros, marchemos siempre unidos siempre unidos de la Patria, de la Patria, de la Patria su nombre engrandecer, engrandecer. Y al oír, y al oír, y al oír del cañón el estampido, el estampido nos haga su sonido enardecer. Orgullosos al pensar en las hazañas realizadas con honor por nuestra grey, gritemos con el alma un viva España y sienta el corazón un ¡viva el Rey!
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sábado, 8 de diciembre de 2007

1ª disolucion del Cuerpo de Artilleria

Las cuatro disoluciones fueron por orden cronológico las siguientes:


- 1823 con la vuelta de Fernando VII.
- 1873 bajo el corto reinado de Amadeo de Saboya.
- 1926 con el directorio de Primo de Rivera.
- 1929 por segunda vez con Primo de Rivera.

Las causas permanentes de estas disoluciones fueron, como podremos ver mas adelante, la Escala Cerrada y los ascensos por antigüedad.

PRIMERA DISOLUCION

La primera disolución se remonta a 1823 terminado el primer periodo liberal que había nacido con las Cortes de Cádiz. Fernando VII decide por Decreto de 1 de octubre disolver el Ejercito y por consiguiente el Cuerpo de Artillería. Esta decisión la lleva a cabo para crear un nuevo Ejercito a su gusto y dar cabida a tropas francesas contratadas. No intervino solo el Monarca, fue ayudado por su ministro, el General Miguel de Ibarrola Marques de Zambrano, que siguiendo las palabras del General Vigon: “ no es siempre bueno dar al olvido los nombres de los que, por no haber procedido correctamente, agradecerían el olvido como el mejor premio".

Para entender el modo de proceder del Monarca basta con volver al General Vigon y leer la descripción que hace del mismo: “ .... con poco sentimiento tomaría aquellas medidas este Rey que gustaba naturalmente poco de las cosas militares, porque nada animoso por su naturaleza, aclerigado por su educación y desconfiado y receloso por sus antecedentes, no podía mirar con afición y menos con simpatía a los que seguían la noble carrera de las Armas. No obstante, vestía casi siempre uniforme militar y su Corte estaba casi exclusivamente llena de personas que vestían el mismo traje; pero ¡ cuánto se hubiera engañado cualquiera que por esta falsa apariencia, lo hubiera tenido por militar ¡”. Así era nuestro Rey “El Deseado”.

A tal efecto publica una serie de Reales Decretos:

- Real Decreto 24/06/1823 por el que disuelve el Ejercito.
- Real Decreto 1/10/1823 por el que anula todo lo hecho antes de 1820.

Y en cuanto al Cuerpo de Artillería:

- Se cesa al Director General Don Miguel de Alava.
- Se disuelve la Compañía de Cadetes, quedando licenciados.
- Las plantillas de las Unidades de Artillería quedan reducidas a 80 desde el empleo de General al de artillero, que fueron los que permanecieron fieles a la Corona.

El Ejército quedaba constituido con las siguientes fuerzas:

- 25000 soldados franceses.
- Restos de la Guardia.
- El Regimiento de Infantería nº 1, leal en las revueltas del ´20.

A partir de éste momento comienzan los llamados juicios de purificación, que no son otra cosa que juicios para llevar a cabo la depuración del Ejercito, quedando éstos en situación de indefinidos sin sueldo ni prest. En éstos juicios se buscaba:

- Si el encausado asistía a reuniones políticas o hubiera participado en algún levantamiento.
- Si ostentaban algún símbolo liberal.
- Si habían tomado parte en reuniones en contra del Monarca.

En éstos expedientes, de carácter secreto, se recogían los informes sobre la conducta política anteriormente citada, tanto por militares como civiles desde 1820 hasta 1823. A los impurificados se les concedía el derecho de apelar al Monarca, concediendo éste una mínima parte del sueldo sin importar el empleo que se ostentara.

Todo esto trajo consigo que muchos artilleros emigraran o se dedicaran a profesiones civiles ya que no se podía mantener la penuria económica a la que estaban abocados ellos y sus familias.

Otra característica esencial de éstos juicios era la envidia, la venganza, etc. Se veían postergados y observaban como compañeros suyos, de características sociales y políticas similares reingresaban en filas antes que ellos. Un ejemplo claro lo tenemos en el General D. Juan Manuel Munarriz, Inspector General de Artillería, quien estuvo mas de cuatro años “impurificado”, acusado falsamente de pertenecer a la masonería, acusación muy generalizada para postergar a los artilleros.

Al igual que el General Munarriz hubo otros casos, como por ejemplo:

- Emigraron para no ser sometidos a juicio los Coroneles Santiago Piñeiro y Manuel Herrero y Tenientes Coroneles López Pinto (fusilado mas tarde con Torrijos) y Antonio Elorza.
- Mariscal de Campo D. Mariano Brezón, impurificado desde 1823 hasta 1832.
- Capitán D. Juan Ulzurrum, impurificado hasta 1834.
- Capitán Francisco Javier Bayona, indefinido en 1823, purificado en 1826 y retirado forzoso en 1827.

Una vez reingresados la mayoría de los artilleros, se publica una disposición de 2 de agosto de 1831 (8 años después de los primeros acontecimientos) proclamando los ascensos en los Cuerpos facultativos por antigüedad. Esta disposición devuelve a los artilleros la confianza perdida y la mal interpretada lealtad de sus miembros. Una vez recuperada esta moral y restablecido el compañerismo propio de nuestra Arma, los artilleros se dedican a su vida de guarnición. Pero poco iba a durar esta confianza, ya que los ascensos por antigüedad y la escala cerrada aparecerían otra vez con el tiempo, pasando por los trágicos sucesos del Cuartel de San Gil en 1866, puertas para la segunda disolución del Cuerpo.


Extracto conferencia Bicentenario RAAA 73.

2ª disolucion del Cuerpo de Artilleria

1864 trae momentos de incertidumbre para el Cuerpo de Artillería. Vuelve a resurgir lo que se denominó la cuestión de la Escala Practica. Los Suboficiales alcanzaban el empleo de Capitán tras muchos años de servicio y la superación de una serie de pruebas.

Por entonces en varias publicaciones militares y en medios políticos se levanta la cruzada por la situación de éstos Oficiales, ya que no se les permitía el ascenso a Jefe. El argumento principal para dicho ascenso era que lo que les faltaba en preparación intelectual lo suplían con la experiencia acumulada a lo largo de años de servicio. Hay que aclarar que por entonces el Cuerpo era Facultativo y los Oficiales tenían solo la procedencia del Real Colegio. Por otra parte los Oficiales Prácticos artilleros se comparaban con los de las demás Armas ya que con méritos y suerte se podía llegar de Soldado a General. Por citar un ejemplo así lo consiguió el General Prim.

Presidía el Gobierno Arrazola y la Dirección General de Artillería D. Fernando Fernández de Cordova, Marques de Mendigorria. Según el Marques, la clase progresista se aprovechó de la situación que atravesaban los Oficiales Prácticos y los Suboficiales del Cuerpo. Por otra parte el resto de la Oficialidad defendía la Escala Facultativo. El conflicto estaba servido.

El 4 de julio de 1864 por Real Orden se crean 7 plazas de Comandante de la Escala Practica, siendo estas para fiscales y encargados de las Cajas y Almacenes en los 5 Batallones Fijos y 2 en las Plazas de Melilla y Santoña. Además todos los Capitanes de las Secciones de Ultramar pertenecerían a la Escala Practica, tanto en las Antillas como en Filipinas.

Los Artilleros tenían costumbre de reunirse de antiguo en el Café La Iberia. El 7 de Julio de 1865 hervía de Jefes y Oficiales. Comentan entre ellos los daños que puede ocasionar la Real Orden de 4 de Julio de 1864 y deciden crear una Junta para que una comisión dialogue con Cordova y para poner en su conocimiento que de proseguir esta situación solicitarían el retiro todos los Oficiales del Cuerpo. Cordova los apacigua prometiéndoles la creación del llamado Cuerpo de Tren.

Pero la semilla de la discordia estaba sembrada, desembocando en 1866 en los sucesos del Cuartel de San Gil.

Siempre que existe un descontento o una fricción, acuden a sacar tajada y azuzar el fuego de la discordia los de siempre, apoyados por el estamento de la Masonería. Se trataba de sumar el mayor numero de militares adeptos al movimiento, aprovechando para ésta ocasión las desavenencias existentes entre Facultativos, Prácticos y Suboficiales.

Ocupaba el Gobierno O`Donnell. La oposición trataba de combatir violentamente el programa del Gobierno de turno, hasta que la Reina retiraba su confianza y así sucesivamente llegando a crear un circulo vicioso.

El plan era que Prim entraría por Irun, entregando el mando de las Unidades a Espartero, siguiendo aquel a Zaragoza y Madrid, donde estaría todo ya resuelto.

En Madrid el entonces Comandante retirado Domingo Morriones intentaba ganarse a los Sargentos, prometiéndoles ascensos a aquellos que participaran en la sublevación. También contó Morriones con una circunstancia a su favor. Esta fue, en palabras de Vigon, “ el poco roce de los Oficiales con sus subordinados y el completo abandono de la contabilidad de las Compañías por los Capitanes en manos de los Sargentos 1º”.

Al final se decide poner fecha a la sublevación: El 22 de junio de 1866.

Entra en escena días antes para hacerse con el mando de la conspiración el Capitán de Artillería D. Baltasar Hidalgo de Quintana, sobrino de D. Joaquín Aguirre, político progresista y comprometido con la causa. Estaban comprometidas las siguientes Unidades de Artillería:

- 1º Regimiento Montado de Artillería.
- 5º Regimiento a Pie.
- 6º Regimiento a Pie.
- Regimiento a Caballo.

Se designa a Hidalgo para sacar a la calle los 3 Regimientos, ya que no se había logrado sublevar al 1º Montado. La orden era desarmar y encerrar sin derramamiento de sangre a los Oficiales presentes en las Unidades. Pero el plan no salió de la forma planeada.

Sorprendidos los Oficiales dormidos o reunidos en los Cuerpos de Guardia, nada pueden hacer ante la sorpresa del ataque. Entran en el Cuerpo de Guardia a la voz de “ el que se mueva es muerto”.

El Capitán Torreblanca responde desenvainando el sable, pero poco más pudo hacer, ya que cae muerto junto al Teniente Montoto y Martorell. El Coronel Puig logra escapar junto con el Subteniente Del Pozo. Este ultimo logra salir del cuartel, pudiendo avisar desde el Ministerio de la Gobernación de los sucesos que estaban ocurriendo. Mientras, en el patio, el Comandante Valcarcel, intenta en vano reducir a la obediencia a los sublevados, encontrando la muerte allí mismo. Al mismo tiempo, en el acuartelamiento del Regimiento Montado el Teniente Henestrosa sale al escuchar los disparos, siendo asesinado por el Sargento Pedro Bastarrica. Este Sargento permite la entrada al cuartel de los sublevados. En la avalancha cae muerto el Comandante Cadaval por una descarga de fusileria. El Coronel Puig logra entrar en el Montado, pero es reconocido por un Sargento de su Unidad y es rematado de un disparo en la sien.

No se han cumplido las ordenes que dio Hidalgo. Algo influyó en este incumplimiento, dando por cierto el odio de los Sargentos a sus Oficiales por los motivos expuestos con anterioridad.

Conscientes los Sargentos de lo terrible y espantoso de estos acontecimientos, salieron sin orden y en completa retirada de sus acuartelamientos, llevando la lucha a las calles, donde combatieron un total de 1200 hombres y 30 bocas de fuego, mas los paisanos que se les unían, hasta la cantidad de unos 5000. Pero repuestas las Unidades no sublevadas, al mando del Duque de la Torre, lograron que los exaltados retrocedieran hasta el Cuartel de San Gil, donde se libró uno de los combates mas duros de la jornada hasta reducir a los insurrectos.

El balance final fue de 200 muertos, 600 heridos y 500 prisioneros, la mayor parte de ellos del Cuerpo de Artillería.

Terminada la insurrección, Zabala fue a Palacio. Al preguntarle la Reina cuantos prisioneros había, éste contesto que más de 1000, a lo que ella repuso excitadísima: “ cúmplase la ley en todos, en todos, antes de amanecer”.

O`Donnell exclamó al enterarse que “ el no fusilaría a nadie: los tribunales juzgarían y fallarían”.

Y así fue. El 25 de junio fueron fusilados, después de los respectivos Consejos de Guerra, 21 Sargentos, el 27 lo fueron 19, el 30 fusilaron a 13 y más tarde a otros 13.


Las Leyes y las prácticas de los tiempos del absolutismo, determinaron hondísima división entre los Oficiales de Artillería y los Sargentos del mismo Cuerpo. Esta no fue dominada por el General Cordova y se llegó a los terribles sucesos del Cuartel de San Gil.

Los años pasaron y los liberales colocan en puestos de importancia a Hidalgo de Quintana.

El Gobierno de Ruiz Zorrilla decide nombrarlo Capitán General de Vascongadas. A su llegada a Vitoria se le presentan como es preceptivo todos los Jefes y Oficiales de la Plaza a excepción de los de Artillería. Estos últimos no podían olvidar su participación en los sucesos de San Gil y el gran protagonismo que tuvo Hidalgo. Contrariado por este acto de insubordinación, ordena Hidalgo que se le presenten los Oficiales del Cuerpo. El Brigadier Blengua, argumentando que salía de viaje a Madrid, incumple la orden y lo mismo hacen el resto de Oficiales, que se dan de baja por enfermos. Hidalgo indignado quiso arrestarlos en el Castillo de la Mota en San Sebastián, cosa que no consigue.

Para poder restablecer su honra, Hidalgo tramita su renuncia a su empleo y cargo, y así evitaría mas fricciones con sus “compañeros”. Pero no acaba todo aquí, el Gobierno decide darle un mando en Cataluña en el que no tuviera contacto con Unidades del Cuerpo de Artillería. La “cuestión de los Artilleros” estaba tomando graves proporciones, pues debido a este hecho los Artilleros juramentándose para obrar como un solo hombre, habían decidido solicitar la licencia absoluta. Se trata el tema en varios Consejos de Ministros. Preguntado en Gobierno en el Congreso por la “cuestión de los Artilleros”, dijo el Ministro de la Guerra: “La actitud del Cuerpo de Artillería no podrá ser un peligro para la libertad, ya lo he dicho antes, y por consiguiente, no lo será para el País. ¿Qué actitud tomará el Cuerpo de Artillería?. El Cuerpo de Artillería cambiará su organización, y los Oficiales dimisionarios serán reemplazados por otros Oficiales. Hay en el mismo Cuerpo de Artillería elementos excelentes para formar una excelente Artillería que combata siempre por la libertad, por el orden y por las leyes. Yo espero y creo, que desapareciendo del Cuerpo de Artillería todos los privilegios, que desapareciendo de él una organización antigua, que enlazándose y ciñéndose, como sucede en las demás Armas, los elementos populares y los elementos de más elevada jerarquía, se formará una Artillería tan buena como es la actual, pero que esté además identificada con las instituciones, y sobre todo no pueda ofrecer para el País ni para los representantes de la Nación ninguna sospecha de peligro”.

Todos los Diputados aplaudieron frenéticamente, siendo muchísimos los que se adelantaron al banco azul para estrechar la mano al Ministro. La cuestión quedaba reducida a que el Gobierno había conferido un Mando al General Hidalgo, sin que ello fuera imprudencia o provocación, puesto que los Artilleros no tenían motivo racional para no obedecer. Y habiendo obrado así el Gobierno, se encontraban frente a una insubordinación colectiva. Una vez más la semilla del odio estaba sembrada.

En la noche del 7 de febrero de 1873, firmó D. Amadeo el decreto por el que disolvía el Cuerpo de Artillería y lo reorganizaba en dos agrupaciones: La primera Facultativa (los procedentes del Real Colegio) y tendría a su cargo la Dirección y Servicios de Fabricas, Maestranzas, Real Colegio, etc. Y una segunda Practica, compuesta por los Regimientos y Secciones armadas, cuyo mando y plantillas se encomendaba a Jefes y Oficiales que no procedieran del Real Colegio, la llamada escala Practica.

El Real Decreto viene acompañado de otra serie de disposiciones, algunas de carácter interno:

- Se advierte al Capitán General de Cataluña que bajo ningún concepto el General Hidalgo de Quintana tenga bajo su mando Unidades de Artillería.
- Contentar a los Suboficiales tras las promesas que se les habían hecho.
- Que los Capitanes de las Compañías de los Regimientos, y tengan solicitada la separación del servicio, hagan entrega de ellas a los Sargentos 1º de las mismas.
- Se pondrá en posesión del empleo de Teniente, al Sargento 1º de cada Compañía y el de Alférez a los Sargentos segundos.

Y comentando a renglón siguiente: “ El Gobierno se ha visto en la dura necesidad de proceder de la manera que lo hace, para sostener el principio de autoridad, ante la actitud tomada por los Jefes y Oficiales de Artillería, desea al mismo tiempo cuide V.E. que no se mortifique la dignidad de aquellos a cuyo fin procederá con el tacto y prudencia que le sugiere su celo."

Por otra parte el Ministro Fernández de Cordova, mantiene una reunión en el plano distendido y afable con los Sargentos, explicándoles el prometedor porvenir que les esperaba, a la vez que les aleccionaba a obedecer a sus Jefes, solo si éstos actuaban con el respaldo del Gobierno. Cordova había conseguido su viejo propósito de dividir el Cuerpo en dos ramas, colmando sus aspiraciones personales a cambio de la ruina del Cuerpo y de sus compañeros.

La entrega de Mandos, como era de esperar, se realiza sin el menor altercado y sin incidente alguno, producto de la caballerosidad propia del artillero.

Es digno resaltar varios hechos:

- Al cerrarse la Academia como consecuencia del Real Decreto, y la consecuente baja de sus alumnos, no se duda en continuar la impartición de las clases en una Academia particular ubicada en un piso en la ciudad de Segovia.
- Como consecuencia de las licencias, muchos miembros del Cuerpo de Artillería pasaron penurias económicas. A tal efecto se creó un Fondo de Socorro por parte de la Junta, gracias al cual muchos Jefes y Oficiales que no disponían de otros ingresos que sus sueldos, pudieron hacer frente a esta situación. El Coronel Reyna, a la sazón presidente de la Junta, resume ésta acción con la siguiente frase: “...desde aquel instante, sacrificando mis ideas en aras del compañerismo, sólo pensé en los deberes que me imponía el espíritu del Cuerpo, la unión del mismo en tan criticas circunstancias más necesarias que nunca y la confianza de que era objeto.”

Pero la situación política no iba a permitir que durara mucho tiempo esta situación, había que buscar una solución a este difícil asunto. El Presidente de la República, D. Emilio Castelar, en un discurso pronunciado el 8 de septiembre dijo: “...se necesita que tengamos grandes Cuerpos Facultativos, grandes Cuerpos de Ingenieros militares, se necesitan grandes Cuerpos de Artillería. Es necesario, indispensable, que la ciencia venza al instinto, que la superioridad se imponga a la superstición, es necesario que la Artillería moderna, que combatió admirablemente en la Guerra Civil, combata ahora también.” Castelar quería a toda costa que se reingresara en el Cuerpo a los Oficiales que en su momento pidieron la licencia. Para lograrlo siguió los siguientes pasos:

- Vuelve a crear la Dirección General del Cuerpo.
- Reorganiza el Cuerpo por Decreto de 21 de septiembre, quedando como estaba con anterioridad al 7 de febrero.

En definitiva la actitud de los artilleros no era en el fondo sino una grandiosa y enérgica protesta contra las sublevaciones militares y contra el escándalo de alzarse con ellas las altas categorías del Ejercito.

El Cuerpo de Artillería había contraído una gran deuda moral con D. Emilio Castelar. El 6 de julio de 1908 se inaugura una obra en honor de Castelar de Mariano Benlliure, ubicada entre la Castellana y la calle General Martínez Campos. Entre otros detalles aparece en el monumento un artillero en el asiento del escudo de una pieza de artillería, en recuerdo de un hombre justo y bueno. El monumento fue erigido por suscripción nacional a iniciativa y agradecimiento del Cuerpo de Artillería.

En la etapa que sigue el Cuerpo de Artillería se dedica al trabajo profesional, táctico y científico. Pero transcurrirían 50 años y sería de nuevo víctima de la sinrazón. Vuelve a resurgir de las cenizas el tema de la “escala cerrada” y los ascensos por antigüedad.


Extracto conferencia Bicentenario RAAA 73.

3ª disolucion del Cuerpo de Artilleria

Llega al poder Primo de Rivera, Capitán General de Cataluña y acaba con el sistema liberal democrático, de partidos políticos, parlamentario y bicameral. Nadie se había opuesto, ni en el Ejército ni fuera de él.

Al poco de su llegada, ya tiene el primer “roce” con el Cuerpo de Artillería. En un banquete celebrado el 3 de diciembre de 1923, dijo a los artilleros allí presentes que la escala cerrada era un inconveniente para que los artilleros alcanzasen los puestos más altos del Ejercito. A este comentario se unía el proyecto de regulación de ascensos. Para rematar, corre la voz que el Dictador pretende entregar las Baterías de Costa a la Armada. Bonito panorama para celebrar la Patrona.

El General Correa, Jefe de la Sección de Artillería, hace un llamamiento a la calma y en un comunicado a los Comandantes Generales del Arma les dice que son asuntos que necesitan tiempo y estudio y sería interesante no pronunciarse por el momento. Los artilleros se ponen a la defensiva y esperan en breve la primera coz de la “mula”, apodo por el que era conocido por los artilleros Primo de Rivera.

1924 y 1925 transcurren con normalidad, al no aflorar ningún asunto espinoso al exterior. Pero 1926 empezaría fatídicamente para el Cuerpo.

Con buena fe y voluntad, el General Correa, coincidiendo con la vuelta victoriosa de Primo de Rivera de Marruecos y con el deseo de ganar para el Cuerpo la voluntad del General, propone al Cuerpo el nombramiento de Coronel Honorario al Dictador. El General Correa estaba personalmente interesado, ya que en breve o ascendía o pasaba al retiro. Los artilleros ponen de manifiesto la no aceptación de la idea del General.

Al poco llegó la primera coz. Primo de Rivera, al dejar colgado en el armario el uniforme de Coronel de Artillería, prohibe al Cuerpo cualquier homenaje particular al Capitán Ruiz de Alda, que llegaba triunfante de su travesía del Atlántico Sur.

El General Correa avergonzado por lo hecho y sucedido, solicitó el retiro al Ministro de la Guerra, Duque de Tetuan, quien en lugar de admitirla, lo comisiona a Marruecos a inspeccionar las tropas allí destacadas. Mal momento para marcharse, cuando todos los ojos están pendientes de la actitud del General, ya que en él esta depositada toda la confianza de sus compañeros como cabeza visible del Cuerpo.

Concurren en éste hecho dos asuntos más:

- La posible división del Cuerpo en las dos ramas técnica y táctica (origen de la 2ª disolución).
- El Decreto de 9 de junio de 1926, prohibiendo la permuta del ascenso por méritos de guerra por la Cristina.

Este ultimo hecho impacta en el Cuerpo, ya que desde 1891 todas las promociones formalizaban su renuncia al ascenso por méritos de guerra, siguiendo el tradicional ascenso por antigüedad. Esta renuncia se hacia efectiva firmando en el álbum, cuya primera pagina decía: “ Los Artilleros que firman en este álbum quieren conservar en el Cuerpo, y transmitir con su ejemplo a los que vengan a formarlo, el tradicional espíritu de honor, unión y compañerismo que recibieron de sus antecesores, con el que alcanzó las glorias y prestigios que goza para bien de la Patria y Honor de sus individuos. Y considerando que la escala cerrada es condición indispensable para el logro de tan altos fines, resuelven mantenerla entre sí, ofreciendo por su honor renunciar (por los medios que la Ley permita) todo ascenso que obtengan en el Cuerpo o en vacante de General a éste asignada y no les corresponda por razón de antigüedad.”

Por éste Decreto se ascendía con carácter retroactivo a 16 artilleros, despojándolos de las correspondientes cruces, fruto de las renuncias. En palabras del Teniente General Serrano de Pablo: “....con esta disposición, Primo de Rivera ha creado un conflicto que indudablemente no existía, innecesario y que no interesa a nadie más que a los Artilleros. La gente de la calle ni lo comprende, ni lo comparte.”

El Cuerpo se moviliza y en todas las guarniciones surgen reuniones, cuyos acuerdos se hacen llegar al Jefe de la Sección. Por el contrario, Primo de Rivera intenta mediante una carta dirigida al General Correa, justificar su Decreto en estos términos: “ Prohibiendo toda discusión publica que quebrante el prestigio, concepto y eficacia de los Cuerpos que han mantenido hasta ahora el criterio de la escala cerrada, guardando, al noble y ofuscado empeño de defenderla, las consideraciones que merecen por sus servicios, ha de mantener el Gobierno íntegramente su resolución y apurar todos los medios de exhortación para hacerla efectiva sin resistencias, por lo mismo que están tan decidido a vencerlas, si desgraciadamente para la Patria se ofrecieran. Fuera del acatamiento completo a la disposición, solo soluciones muy dolorosas para todos se ofrecen y deben desecharlas a toda costa, cuanto antes mejor, para hacer imposible que surjan pugnas y apasionamientos que solo aprovecharían a los enemigos de la Patria y del Rey. Que cuide, la juventud más que nadie, de no dejarse inflamar por los alentadores de pasiones, que acaso ponen en ellas esperanzas de ambición y desordenes que solo aprovecharían a sus apetitos.”

Carta profética y premonitoria, que en nada gusto a los artilleros, viendo en ella definitivamente resuelto y fallado el asunto.

El día 15 de junio, la Junta de Madrid, en representación del Cuerpo, toma el acuerdo de “ escribir una nueva pagina gloriosa en el libro sagrado de las renuncias”, separando del servicio a los 16 ascendidos por el Decreto, haciéndose cargo de las necesidades familiares y personales de los mismos y que de intentar el Gobierno impedirlo, “ el Cuerpo como un solo hombre pediría el retiro también”, procediendo cada uno con arreglo a su espíritu y honor. Al mismo tiempo, Primo de Rivera, advierte que si un solo Artillero pedía el pase a la Reserva, el Gobierno presentaría su dimisión, reservándose el dar un manifiesto al País en el cual expusiese los perjuicios derivados de tal resolución, culpando a quienes con su actitud la originaban.

A instancias de S.M. Alfonso XIII, se reúnen Primo de Rivera, el Duque de Tetuan, el General Correa y el Teniente Coronel Velarde, para tratar de dar solución al conflicto. Por fin se llega a un acuerdo con las siguientes bases:

- Que no se tomen represalias contra los compañeros que entran en el Real Decreto, ni les impongamos vejaciones.
- El General Jefe de la Sección determinara los destinos que deben confiárseles.
- No ascenderá ninguno más en dicho periodo.
- Que el 1 de octubre entrará en vigor un Reglamento de Recompensas, hecho con intervención de nuestra Sección del Arma.

Vuelven las aguas a su cauce, pero por poco tiempo. El 26 de julio, Primo de Rivera publica un Real Decreto por el que se regula los ascensos por elección. Los artilleros habían sido traicionados. El General no había cumplido las bases del acuerdo. Las consultas entre guarniciones comenzaron, subiendo de tono conforme se iba conociendo el Real Decreto.


El 5 de septiembre se publica el Real Decreto de disolución del Cuerpo. Como partes destacables tenemos:

- Declaración del estado de guerra en toda España.
- Suspensión de empleo y sueldo de los Jefes y Oficiales de la escala activa.
- La Academia licenciará a sus alumnos.
- La escala de Reserva custodiará los Estandartes y cuarteles.

El Rey, que estaba de viaje en San Sebastián, no tenia conocimiento de éstos Decretos, salvo por una breve referencia telefónica. Una vez en Madrid, Primo de Rivera intentó obtener del Monarca su beneplácito a todo lo hecho. Aunque le costó, al final lo obtuvo.
Tras la publicación de esta disposición, muchas Unidades de Artillería se acuartelan. Se acuerda el resistir y no entregar los Mandos hasta que fueran obligados a la fuerza. Se repartió armamento a las clases de tropa, que enterados de lo que ocurría demostraron un gran espíritu, para ir donde fuera preciso con sus Jefes y Oficiales, a quienes bajo ningún concepto querían abandonar. También los Oficiales de la Escala de Reserva se ofrecen a correr la misma suerte que sus compañeros de la Activa, no en vano llevaban las mismas bombas en el cuello. El Gobierno publica una nota en la que denunciaba al País la conducta del Cuerpo de Artillería y daba cuenta de las medidas represivas que iba a adoptar.

Con respecto a Cartagena, a las 8 de la mañana del día 8 de septiembre, una compañía del Regimiento de Infantería Sevilla recorrió las calles proclamando el estado de guerra. El Regimiento de Artillería se sometió a la Autoridad militar, quedando los Oficiales arrestados en sus domicilios.

En la Academia el preámbulo del Real Decreto había creado una honda irritación. Se decide unirse al resto de guarniciones, enarbolando el lema “puesto que Segovia era la cuna del Cuerpo, también sería su tumba.” Pero poco duró la resistencia, a la caída de la tarde se entregaba voluntariamente la Academia.

Pero hay que destacar un episodio muy doloroso. Ocurría en el 4º Regimiento de Plaza y Posición en Pamplona. El Regimiento fue acuartelado siendo el Oficial de Guardia de ese día el Teniente Enrique Tordesillas y Cabeltón. Se reúne a todo el Regimiento y se consulta a los Oficiales de la Escala de Reserva, Suboficiales y Clases de Tropa acerca de la actitud que piensan tomar. Salvo unos pocos, el resto decide seguir la suerte del Regimiento. Se redobla la guardia, se cargan peines de ametralladora, se almacena agua, pero en ningún momento se movilizan los Schneider de 155. A las cinco de la tarde aparece el Gobernador Militar, General Bermúdez de Castro. Reúne a todos los Jefes y Oficiales comunicándoles que debían proceder a deponer su actitud y que de no hacerlo procedería de forma violenta. El Coronel le responde que no abandonaran la Ciudadela. Pero el General ya había dado sus ordenes. Si no salía antes de las seis de la tarde, fuerzas del Regimiento de Infantería Constitución asaltarían el cuartel. Y así fue, los Artilleros de la Guardia son los primeros en dar la voz de alarma. Suenan los primeros disparos y el Teniente Tordesillas sale a repeler la agresión. El General Bermúdez de Castro abandona la reunión y sale a la Plaza. Es demasiado tarde, habían caído el Teniente Tordesillas y el Corneta Gregorio Alonso y heridos el Sargento Arralaz y otro Artillero. Todos los Oficiales fueron arrestados y la tropa licenciada.

Cuentan que sin haber orden alguna y como consecuencia de los acontecimientos de Pamplona, se retiraron de los Regimientos de Artillería las fotografías de Primo de Rivera y Alfonso XIII, sustituyéndolas por la del Teniente Tordesillas.

Se intentó resolver un problema exclusivamente artillero y de mantener la palabra dada en el cumplimiento de un compromiso. A nadie se le quitaba nada. Una vez más el Cuerpo de Artillería perdía el pulso, siendo castigado y humillado, favoreciendo la desunión.

A continuación vinieron los juicios sumarísimos y los consejos de guerra. Resaltaremos a modo de ejemplo los ocurridos en Segovia, donde fueron condenados a pena de muerte el Coronel Marchessi (conmutada posteriormente a perpetua), Tenientes Coroneles Sánchez Gutiérrez y López Pinto así como los comandantes Ortiz de Landazuri y Rojas Feigespan a cadena perpetua, y así todos los integrantes de la Academia.

Por Decreto de 17 de noviembre de 1926 se dictaban una serie de normas para el reingreso de los Artilleros al Servicio activo. Mal empezaba cuando en su primer articulo se les exigía un juramento al Gobierno bastante difícil de aceptar. Muchos optaron por el reingreso y no pocos se negaron a solicitarlo.

Para mas humillación, publica los Decretos de 17 de noviembre y 3 de diciembre de 1926 en el que reorganiza la Artillería y disuelve:

- 6 Regimientos
- Parques de Artillería
- Grupo de Instrucción
- Maestranzas de Barcelona, Sevilla y Madrid
- Deposito de sementales de Hospitalet

Acaban así los sucesos de ésta 3ª disolución. Sin embargo las consecuencias siguieron con publicaciones de disposiciones dañinas para el Cuerpo.


Extracto conferencia Bicentenario RAAA 73.

4ª Disolucion del Cuerpo de Artilleria

Las heridas no estaban cerradas y a ello ayudó una serie de circunstancias:

- La amenaza del Real Decreto de 30 de diciembre de 1926 en el que el Ministro con un simple expediente administrativo podía separar del Ejercito a cualquier Jefe u Oficial.
- La asignación de determinados destinos, en los que el “amiguismo” había intervenido.
- El nuevo profesorado de la Academia de Artillería, demasiado leal al Régimen.
- Prohibición al Fondo de Socorro de continuar sus labores de ayuda.

Con todo esto el Cuerpo de Artillería se había convertido en el caldo de cultivo para recibir sugerencias en contra del Régimen, constituyendo uno de los mejores agentes de la revolución. De hecho en los Cuartos de Banderas la propaganda hacia su obra.

Son años de pura conspiración. Los conspiradores pensaron que la ciudad de Valencia sería el lugar ideal para empezar la revolución, que continuaría en las ciudades de Ciudad Real, Murcia y Cartagena. Se prepara para el 29 de enero de 1929 y el fin es salvar a España de las manos de Primo de Rivera.

El Capitán General no quiere encabezar la sublevación, pero si ve con buenos ojos el secundarla. Estaban comprometidos políticos como Sánchez Guerra y sus respectivos partidos y los Capitanes Montesinos y Pérez Salas del 5º y 6º Ligero.

Pero Sánchez Guerra no puede llegar a tiempo a Valencia, con lo que Castro Girona se echa atrás. Los comprometidos no quieren claudicar y se decide que Pérez Salas salga con las piezas del 6º Ligero. Al mismo tiempo se tienen noticias que el Regimiento de Ciudad Real se ha sublevado. Cuando llega Sánchez Guerra a Valencia intenta convencer a Castro Girona, cosa que no consigue. Al conocer la actitud del Capitán General, muchos Oficiales van abandonando. El 5º Ligero no se subleva y Pérez Salas amenaza con ir al 6º Ligero en Paterna y sacar las piezas. Al final Sánchez Guerra abandona la empresa y les dice: "Esto no quita para seguir con ustedes, he perdido y voy a pagar mi deuda". El levantamiento había fracasado en Valencia.

Al mismo tiempo en Cartagena se indagaba el estado de animo del Regimiento de Artillería. Se puede contar con los Tenientes, Sargentos y Tropa incluso con Oficiales de Artillería destinados en la Base Aérea de Los Alcázares, en cambio no se tenia el apoyo de Capitanes y Jefes. Quedan comprometidas las siguientes Unidades:

- Regimiento de Artillería
- Infantería de Marina
- Dotación del crucero Príncipe Alfonso
- Personal civil

Y quedan leales:

- Regimiento de Infantería
- Guardia Civil
- Resto de la Flota

Se decide esperar hasta que Murcia se subleve. Murcia por su parte espera los acontecimientos en Valencia, que como sabemos había fracasado.

Mientras tanto el 1º Ligero de Ciudad Real se subleva, estando a la cabeza de la misma el General Aguilera. Su misión era ocupar la ciudad siguiendo los pasos siguientes:

- La 1ª Batería, Capitán Marcide, ocuparía el Cuartel de la Guardia Civil.
- La 2ª, Capitán Zamarro, ocuparía el Cuartelillo de la Guardia Civil.
- La PLM, Capitán Barra, ocuparía la estación y el Capitán Soriano el Gobierno Civil.
- El Capitán Herrero con las Baterías en cuadro ocuparía el Ayuntamiento.
- El Capitán Pomares defiende las salidas de la población.
- El Capitán Pacheco y Teniente Moltó se ocuparían de la defensa del Regimiento.
- El Comandante Goicoechea llevaría al Teniente Coronel de la Guardia Civil al regimiento.
- El Coronel del regimiento ocuparía el Gobierno Militar.

Se ocuparon sin novedad el Cuartel de la Guardia Civil y el Cuartelillo, así como el resto de objetivos asignados. Para evitar una humillación a la Guardia Civil, se acordó que se custodiasen sus armas en el mismo Cuartel por dos Oficiales de Artillería y dos de la Benemérita. Fue un acto de caballerosidad.

Se había tomado contacto con otras ciudades comprometidas (Valencia, Murcia y Cartagena) y en ellas reinaba la más absoluta tranquilidad. Mal iban las cosas, sobre todo porque la mayoría de las piezas se encontraban en reparación o revisión en la Maestranza, además solo se disponían de 64 proyectiles para las mismas y para colmo no había munición de guerra para los fusiles (tuvieron que salir con munición de fogueo). Así no podían salir bien las cosas. Viendo éste panorama y la tranquilidad en las demás ciudades comprometidas, el Coronel decide deponer su actitud llamando al General diciéndole: “ A sus ordenes mi General, el Regimiento esta a sus ordenes”. Se le ordenó que entregara el Mando al Oficial más antiguo de Infantería. Todos los Oficiales fueron arrestados e incomunicados en celdas individuales, en espera de los correspondientes Consejos de Guerra.

Primo de Rivera encontró otra oportunidad para mortificar a los Artilleros, llegando a decir incluso: “ El Gobierno está seguro de que no son ni los soldados ni las Clases de Tropa de segunda categoría, sino algunos Jefes y Oficiales que ciegos y despechados por cuestiones internas del Cuerpo y de Escalas, llevan a sus subordinados por soberbia a actos como éste que solo pueden conducirles al deshonor propio y a lagrimas y estragos”.

Por Real Decreto de 19 de febrero de 1929 disuelve por cuarta vez el Cuerpo de Artillería, en su preámbulo entre otras cosas dice: “... la sociedad española desasosegada, inquieta y temerosa ante la actitud de un fuerte núcleo de Jefes y Oficiales, que obligados a ser sostén de la paz y tranquilidad publica, la vienen turbando y constituyen vivero propicio al cultivo de todas las rebeldías”. En su articulo 1º considera a los Jefes y Oficiales provisionalmente paisanos, sin derecho a haber ni uso de uniforme.

Marca también el procedimiento para el reingreso. Había que prestar juramento de fidelidad y obediencia inquebrantable y sin reserva, por su Fe y por su Honor, a la Patria, representada por la Bandera, al Rey y al Gobierno constituido y de un modo concreto y categórico al actual.

Pero no acababa aquí el calvario del Cuerpo, por Real Decreto de 27 de febrero de 1929 y como consecuencia de los frecuentes actos de indisciplina registrados en los tres últimos cursos en la Academia de Artillería, decide Primo de Rivera dar de baja a la totalidad de Alumnos y Alféreces Alumnos de la misma. Todos quedaron en la situación de separados del Servicio.

Así mismo por Real Decreto de 20 de junio de 1929 y “ para completa satisfacción de la justicia y sirviendo de saludable ejemplaridad”, disuelve el 1º Regimiento Ligero de Artillería, quedando el estandarte enlutado y con una inscripción expresiva de que la rebeldía del Cuerpo fue el motivo de la disolución, depositándolo en el Museo del Ejercito. Toda una humillación.

Se reorganiza el Cuerpo con fecha 21 de junio de 1929 con el pretexto de una transformación orgánica. Las plantillas vuelven a reducirse y en cuanto a Unidades, queda de la siguiente forma:

- 8 Regimientos Ligeros
- 8 Regimientos a Pie
- 1 regimiento a caballo
- 3 Regimientos de montaña
- 3 Regimientos de Costa
- 4 Regimientos mixtos
- 1 Grupo de Información
- 8 Parques de armamento y reserva

Con respecto a los sucesos de Ciudad Real salen hacia Pamplona el 30 de diciembre de 1929 a cumplir sus respectivas condenas un total de 33 Jefes y Oficiales.

Por Real Decreto Ley de 5 de febrero de 1930, el nuevo Gobierno de Berenguer, concede un indulto con motivo del primer aniversario de la muerte de la Reina Madre. En su articulo 5, concede el reingreso en la Escala Activa a los Jefes y Oficiales del Arma de Artillería procedentes de la misma, que hayan sido separados del Servicio por acuerdo gubernativo.

Se concede igualmente el reingreso en la Academia de Artillería a todos los Alumnos y Alféreces Alumnos que fueron baja en la misma, exceptuándose aquellos que lo hubieran sido por causa de falta moral o por perdida de curso.

El 15 de febrero de 1930 se publica una disposición dejando en suspenso los ascensos por elección.

A modo de conclusión, voy a entresacar unos párrafos de un manifiesto que el General Rexach dirige a los Artilleros el 10 de diciembre de 1929 comentando lo ocurrido en el Cuerpo, para que cada cual saque sus propias conclusiones:

“ Se nos ha obligado a faltar a una palabra de honor; podemos ya impunemente faltar a todos los juramentos”. He aquí el primero y mas extendido de los sofismas artilleros, móvil de tantas conductas y cepo en el que han quedado atrapadas tantas voluntades, para que este sofisma se haya mantenido en pie, ha sido preciso el desconocimiento previo en el que han vivido y viven la mayoría de Oficiales de Artillería, respecto a cual es el contenido de nuestro compromiso, desconocimiento que nadie hemos cuidado de subsanar, y es seguro que se hubieran evitado muchos incidentes desagradables con haberse hecho publico el siguiente texto:

“Los Artilleros que firman en éste álbum quieren conservar en el Cuerpo y transmitir con su ejemplo a los que vengan a formarlo, el tradicional espíritu de Honor, unión y compañerismo que recibieron de sus antecesores, con el que alcanzó las glorias y prestigios de que goza, para bien de la Patria y honra de sus individuos.

Y considerando que la escala cerrada es condición indispensable para el logro de tan altos fines, resuelven mantenerla entre sí, ofreciendo por su Honor renuncia (por los medios que la Ley permita) a todo ascenso que obtengan en el Cuerpo, o en vacante de General a este asignada que no le corresponda por rigurosa antigüedad.”



De la lectura de éste texto se deduce sin genero de dudas, que nos obligamos a renunciar a los ascensos que nos dieran fuera del turno de antigüedad, por los medios que las Leyes consintieran. Y ¿desde cuando han sido medios legales la insubordinación, la protesta airada y la violencia?. Nadie puede negar que los compañeros que fueron sostenidos en sus ascensos por el Real Decreto origen de todo el pleito, cumplieron lealtísimamente sus compromisos, pues renunciaron a sus empleos, no una, sino dos veces y aun se prestaron a pedir su pase a la reserva; si estas resoluciones suyas no fueron admitidas por el Gobierno ¿qué mas les podíamos pedir? ¿Es que queríamos que se suicidaran?. Y en cuanto a los demás, los que formábamos la mayoría, los que no habíamos sido ascendidos, fuera del turno de antigüedad, ¿qué nos tocaba hacer?. Pues sencillamente agradecer de todo corazón a nuestros compañeros ascendidos, la buenísima voluntad con que se prestaron al cumplimiento de su deuda de honor y, en todo caso, acudir respetuosamente al Poder publico, con la exposición de nuestros deseos ejercitando el derecho de suplica. Esta actitud correcta y respetuosa, hubiera seguramente encontrado en las esferas oficiales una justa correspondencia; claro es, que a condición de que no se hubiera dado el lamentable espectáculo, que ya desde entonces se inició, de los corrillos en sitios públicos, en los que se dio muestras de una incontinencia verbal, tan improcedente como inoportuna.

Si, pues, nuestro compromiso no tenia más alcance del señalado, ¿cómo se explica que hay por ahí tantas conciencias conturbadas por el escrúpulo de haber faltado a una palabra de Honor?. No más explicación admisible que el desconocimiento con que se ha planteado este conflicto entre ideales imaginarios y los deberes permanentes de la disciplina. Miremos las cosas como son y no como quisiéramos que fueran, vayan recobrando la perdida serenidad, tantos espíritus angustiados, y vean que si hemos pecado ha sido por exceso, no por defecto, pues claro está que en el pensamiento y en la voluntad de los que encabezamos el álbum de firmas, estaba el propósito de que solo medios legales habían de emplearse para sostenerlo. Y solo así se explica que el Poder publico que conocía nuestro compromiso, diera en otro tiempo formulas legales para su cumplimiento, pero no puede admitirse la hipótesis de que accediera a tales concesiones, si hubiera sospechado que nuestra firma encerraba gérmenes de rebeldía.

Pero aun suponiendo que fuera verdad que se nos había obligado a faltar a nuestra palabra de Honor ¿podría esto justificar que voluntariamente faltáramos nosotros a juramentos, anteriores a aquellos prestados en ocasión solemne?. Nadie puede sostener en serio semejante dislate, porque la condición precisa para que haya culpa, es la voluntad en el acto delictivo, y esta condición que pudo faltar en el primer caso, ya que se supone se nos forzó a aquella falta, se llenó plenamente en el segundo.

Además, ¿hemos cumplido los fundamentos o premisas en que basábamos aquel compromiso?. No, esa premisa dice: “Queriendo conservar con su ejemplo, el tradicional espíritu de Honor, unión y compañerismo que tanta gloria y prestigio a dado al Cuerpo, en bien de la Patria y honra de sus individuos, firmamos.......”

Es lógico que hayamos puesto tanto empeño en sostener lo que era nada más que un medio, y en cambio olvidemos lo que era finalidad única?

Es pues preciso cumplir íntegramente el compromiso, y ya que en la segunda parte hemos llegado al limite y le hemos rebasado, dediquemos ahora nuestros esfuerzos a restañar nuestras heridas, a reintegrar nuestro espíritu de unión y compañerismo; pues así, a más de conseguir el bienestar deseado, nos quedara la satisfacción de decir: “ Jamas hemos faltado a las promesas contraidas”. Unámonos, pues olvidemos todo y atengamos en principio, el espíritu que caracteriza este escrito y premisa”.

Extracto conferencia Bicentenario RAAA 73.

Morir por 1500 Euros




@Julia Pérez / Ana Victoria Suárez - 08/12/2007

“Como a conejos. Los mataron como a conejos y sin oportunidad de defenderse. Eran unos niños”. Es la frase más común que se oye en los aledaños de los agentes enviados a Francia para investigar a la banda terrorista ETA. Tres balas, dos vidas. Las de Raúl Centeno y Fernando Trapero, 24 y 23 años, asesinados a quemarropa y a sangre fría en un atentado ocurrido en Francia el 1 de diciembre. Dos guardias civiles ilusionados por combatir el terrorismo que entregaron su vida por la patria en la que creen. Sólo así se concibe este sacrificio porque, si es por el sueldo, no hubieran llegado ni a la frontera. Ganaban poco más de 1.500 euros al mes. El poco más son 28,22 euros al día como dietas para alimentarse, dinero que tenían que adelantar y que se cobra un par de meses más tarde. La Guardia Civil no es RTVE, ni el Congreso.
Centeno y Trapero eran hijos del cuerpo, habían mamado el espíritu de la guardia civil desde niños. Raúl se preparó a conciencia para su vocación: cinturón negro de judo, boxeo, surf, motos… Era más experimentado que su compañero y había sido propuesto para una condecoración. Fernando –otro deportista, entrenado en motociclismo y portero de fútbol de afición- también poseía una felicitación en su hoja de servicios. El jueves regresó dentro de un féretro al lugar donde se formó, el Colegio de Guardias Jóvenes Duque de Ahumada de Valdemoro (Madrid), el nido de los polillas, los hijos del cuerpo criados en esta institución bajo el lema Traditio, Honor, Fraternitas. “Adiós, polilla, adiós”, fue la canción centenaria con la que le despidieron sus compañeros tras el emotivo funeral de Estado. Sus biografías están descritas en Internet por sus compañeros del Grupo de Apoyo Operativo, a modo de agradecimiento.

Más de doscientos agentes secretos entregan lo mejor de sí mismos en Francia, el santuario de la banda. Donde la banda duerme, planea sus masacres y hasta invierte en inmuebles y empresas. Ponen escuchas, entran en las casas, hacen esperas muchas veces infructuosas y siguen a los terroristas para localizar sus madrigueras, sus pisos-franco. Luego viene la investigación de todos aquellos que se relacionan con sus objetivos… Así hasta lograr las exitosas detenciones relatadas en los informativos: “La policía francesa ha detenido a un miembro de ETA durante un control de carreteras”, es una de las informaciones que suelen difundir los medios de comunicación y que esconde horas y horas de investigación, de trabajo conjunto entre policías españoles y franceses.

Sus compañeros están destrozados “Es un trabajo vocacional. No se paga con dinero: las esperas, las horas de vigilancia, alejado de tu familia, sin poder hablar con nadie… Es muy complicado, muchas veces acabas en nada, pero también te da satisfacciones cuando detienes a alguien”, relata un ex agente.

Los que están ahora trabajando en suelo francés se niegan a hablar con la prensa. Han redoblado su seguridad, los guardias ya no van a pares como es tradición, sino en grupo. Han alterado también sus rutinas, sus relevos… Y están destrozados por el asesinado a sangre fría de dos compañeros, un atentando ni esperado ni prevenido: hacía treinta y un años que ETA no se atrevía a atacar a los policías españoles en Francia. “Les ha pillado a contrapelo, no acaban de entenderlo, no se lo esperaban”, son las frases que se recopilan entre quienes han hablado con ellos.

Van y vienen de Madrid, donde están las jefaturas antiterroristas de policía y guardia civil. En Francia trabajan en operaciones concretas con los policías franceses, en alguna de las cuatro comisarías conjuntas. La colaboración francesa en el siglo XXI no tiene nada que ver con la tragedia de la década de los años 80 y principios de los 90, cuando los terroristas eran considerados refugiados políticos y España era su coto de caza. Entonces los policías descubiertos allí investigando eran soltados en la frontera después de intensas gestiones diplomáticas. Y hasta se dio el caso de una protesta diplomática porque la policía española había osado poner micrófonos en una playa para grabar una reunión de la cúpula de ETA. En esa época se dio el gran golpe contra la banda, que inició su declive con el descubrimiento en 1986 de un zulo en la empresa Sokoa (un transmisor colocado por la guardia civil en un lanza-misil que habían comprado los etarras a un traficante permitió localizar el mayor material de la organización terrorista, desde su contabilidad, hasta sus extorsiones, sus armas…).

Lágrimas por un policía español De la desconfianza inicial y la colaboración a regañadientes, a la caída de la cúpula etarra en Bidart (1992) y la instalación de comisarías conjuntas a partir de 2002. Desde entonces se han ido entretejiendo las relaciones personales entre policías franceses y españoles, hasta el punto de que los galos acompañaron a la familia de Trapero en su agonía en un hospital de Bayona, donde ingresó el día del atentado en estado de muerte cerebral. Y lloraron con sus compañeros españoles cuando al joven se le paró el corazón el miércoles 5 de diciembre.

La misión de los dos guardias asesinados era colocar los micrófonos, las cámaras de vigilancia y los aparatos de rastreo. Unas tareas técnicas para las que se consideró que no necesitaban pistola. La mayoría de los agentes destinados allí no la llevan, como tampoco los franceses que vienen a España: sólo se autorizan en el caso de una operación conjunta y limitada dirigida por un juez. Los sindicatos policiales han pedido que se revisen estos protocolos al entender que se precisan para la autodefensa y que ellos son igual de responsables en España que en Francia para portar las armas.

Centeno y Trapero pertenecían a a la Unidad Central Especial (UCE-1), del Servicio de Información de la Benemérita, encargada de la lucha contra ETA. Ambos habían pasado exámenes muy rigurosos para entrar en ese cuerpo de élite y acababan de llegar a Francia cuando fueron asesinados a bocajarro. “Llevaban allí tres días”, sostienen en fuentes policiales.
Buscaban a ‘Txeroki’, el que rompió la tregua
Fueron ejecutados justo después de instalar unas cámaras de vigilancia para una gran operación franco-española en la que se pretendía dar caza al nuevo líder de los comandos militares, a Garikoitz Aspiazu, Txeroki o Arrano (águila). El terrorista surgido de la kale borroka, educado en una ikastola de la izquierda radical de Bilbao y considerado como el autor de la ruptura de la tregua ofrecida por Josu Ternera a José Luis Rodríguez Zapatero. Fue el ejecutor material del asesinato, en 2001, del juez José María Lidón en Algorta (Vizcaya).

La operación era compleja y muy arriesgada: Txeroki es un adicto a la electrónica y la criptografía –la comunicación segura a través de código de encriptación- y ha copiado de Al Qaeda la idea de crear comandos autosuficientes, como si fueran redes independientes, que sólo dependen de sus instrucciones.

Nada más colocar las cámaras de vigilancia, Centeno y Trapero entraron en una cafetería de Capbreton, una pequeña localidad costera francesa. Tres terroristas los vieron en la cafetería… y los asesinaron cuando regresaban a su coche. Dos de ellos han sido detenidos y no se descarta que el tercero sea el propio Txeroki. Tres balas disparadas a quemarropa acabaron con las vidas de dos jóvenes, hijos de guardias civiles, que soñaron con acabar con la pesadilla del totalitarismo etarra y fueron cazados “como a conejos”.