Artilleros, Artilleros, marchemos siempre unidos siempre unidos de la Patria, de la Patria, de la Patria su nombre engrandecer, engrandecer. Y al oír, y al oír, y al oír del cañón el estampido, el estampido nos haga su sonido enardecer. España que nos mira siempre amante recuerda nuestra Historia Militar, Militar, que su nombre siempre suena más radiante a quien supo ponerla en un altar. Su recuerdo que conmueve con terneza, dice Patria, dice Gloria, dice Amor, y evocando su mágica grandeza, morir sabremos, por salvar su honor. Tremolemos muy alto el Estandarte, sus colores en la cumbre brillarán, y al pensar que con él está la muerte, nuestras almas con más ansia latirán. Como la madre que al niño le canta la canción de cuna que le dormirá, al arrullo de una oración santa en la tumba nuestra, flores crecerán. Marcharemos unidos, marcharemos dichosos seguros, contentos de nuestro valor, y cuando luchando a morir lleguemos, antes que rendidos, muertos con honor. Y alegres cantando el Himno glorioso de aquellos que ostentan noble cicatriz, terminemos siempre nuestro canto honroso con un viva Velarde y un viva Daoiz. Artilleros, Artilleros, marchemos siempre unidos siempre unidos de la Patria, de la Patria, de la Patria su nombre engrandecer, engrandecer. Y al oír, y al oír, y al oír del cañón el estampido, el estampido nos haga su sonido enardecer. Orgullosos al pensar en las hazañas realizadas con honor por nuestra grey, gritemos con el alma un viva España y sienta el corazón un ¡viva el Rey!
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sábado, 8 de diciembre de 2007

1ª disolucion del Cuerpo de Artilleria

Las cuatro disoluciones fueron por orden cronológico las siguientes:


- 1823 con la vuelta de Fernando VII.
- 1873 bajo el corto reinado de Amadeo de Saboya.
- 1926 con el directorio de Primo de Rivera.
- 1929 por segunda vez con Primo de Rivera.

Las causas permanentes de estas disoluciones fueron, como podremos ver mas adelante, la Escala Cerrada y los ascensos por antigüedad.

PRIMERA DISOLUCION

La primera disolución se remonta a 1823 terminado el primer periodo liberal que había nacido con las Cortes de Cádiz. Fernando VII decide por Decreto de 1 de octubre disolver el Ejercito y por consiguiente el Cuerpo de Artillería. Esta decisión la lleva a cabo para crear un nuevo Ejercito a su gusto y dar cabida a tropas francesas contratadas. No intervino solo el Monarca, fue ayudado por su ministro, el General Miguel de Ibarrola Marques de Zambrano, que siguiendo las palabras del General Vigon: “ no es siempre bueno dar al olvido los nombres de los que, por no haber procedido correctamente, agradecerían el olvido como el mejor premio".

Para entender el modo de proceder del Monarca basta con volver al General Vigon y leer la descripción que hace del mismo: “ .... con poco sentimiento tomaría aquellas medidas este Rey que gustaba naturalmente poco de las cosas militares, porque nada animoso por su naturaleza, aclerigado por su educación y desconfiado y receloso por sus antecedentes, no podía mirar con afición y menos con simpatía a los que seguían la noble carrera de las Armas. No obstante, vestía casi siempre uniforme militar y su Corte estaba casi exclusivamente llena de personas que vestían el mismo traje; pero ¡ cuánto se hubiera engañado cualquiera que por esta falsa apariencia, lo hubiera tenido por militar ¡”. Así era nuestro Rey “El Deseado”.

A tal efecto publica una serie de Reales Decretos:

- Real Decreto 24/06/1823 por el que disuelve el Ejercito.
- Real Decreto 1/10/1823 por el que anula todo lo hecho antes de 1820.

Y en cuanto al Cuerpo de Artillería:

- Se cesa al Director General Don Miguel de Alava.
- Se disuelve la Compañía de Cadetes, quedando licenciados.
- Las plantillas de las Unidades de Artillería quedan reducidas a 80 desde el empleo de General al de artillero, que fueron los que permanecieron fieles a la Corona.

El Ejército quedaba constituido con las siguientes fuerzas:

- 25000 soldados franceses.
- Restos de la Guardia.
- El Regimiento de Infantería nº 1, leal en las revueltas del ´20.

A partir de éste momento comienzan los llamados juicios de purificación, que no son otra cosa que juicios para llevar a cabo la depuración del Ejercito, quedando éstos en situación de indefinidos sin sueldo ni prest. En éstos juicios se buscaba:

- Si el encausado asistía a reuniones políticas o hubiera participado en algún levantamiento.
- Si ostentaban algún símbolo liberal.
- Si habían tomado parte en reuniones en contra del Monarca.

En éstos expedientes, de carácter secreto, se recogían los informes sobre la conducta política anteriormente citada, tanto por militares como civiles desde 1820 hasta 1823. A los impurificados se les concedía el derecho de apelar al Monarca, concediendo éste una mínima parte del sueldo sin importar el empleo que se ostentara.

Todo esto trajo consigo que muchos artilleros emigraran o se dedicaran a profesiones civiles ya que no se podía mantener la penuria económica a la que estaban abocados ellos y sus familias.

Otra característica esencial de éstos juicios era la envidia, la venganza, etc. Se veían postergados y observaban como compañeros suyos, de características sociales y políticas similares reingresaban en filas antes que ellos. Un ejemplo claro lo tenemos en el General D. Juan Manuel Munarriz, Inspector General de Artillería, quien estuvo mas de cuatro años “impurificado”, acusado falsamente de pertenecer a la masonería, acusación muy generalizada para postergar a los artilleros.

Al igual que el General Munarriz hubo otros casos, como por ejemplo:

- Emigraron para no ser sometidos a juicio los Coroneles Santiago Piñeiro y Manuel Herrero y Tenientes Coroneles López Pinto (fusilado mas tarde con Torrijos) y Antonio Elorza.
- Mariscal de Campo D. Mariano Brezón, impurificado desde 1823 hasta 1832.
- Capitán D. Juan Ulzurrum, impurificado hasta 1834.
- Capitán Francisco Javier Bayona, indefinido en 1823, purificado en 1826 y retirado forzoso en 1827.

Una vez reingresados la mayoría de los artilleros, se publica una disposición de 2 de agosto de 1831 (8 años después de los primeros acontecimientos) proclamando los ascensos en los Cuerpos facultativos por antigüedad. Esta disposición devuelve a los artilleros la confianza perdida y la mal interpretada lealtad de sus miembros. Una vez recuperada esta moral y restablecido el compañerismo propio de nuestra Arma, los artilleros se dedican a su vida de guarnición. Pero poco iba a durar esta confianza, ya que los ascensos por antigüedad y la escala cerrada aparecerían otra vez con el tiempo, pasando por los trágicos sucesos del Cuartel de San Gil en 1866, puertas para la segunda disolución del Cuerpo.


Extracto conferencia Bicentenario RAAA 73.

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