Artilleros, Artilleros, marchemos siempre unidos siempre unidos de la Patria, de la Patria, de la Patria su nombre engrandecer, engrandecer. Y al oír, y al oír, y al oír del cañón el estampido, el estampido nos haga su sonido enardecer. España que nos mira siempre amante recuerda nuestra Historia Militar, Militar, que su nombre siempre suena más radiante a quien supo ponerla en un altar. Su recuerdo que conmueve con terneza, dice Patria, dice Gloria, dice Amor, y evocando su mágica grandeza, morir sabremos, por salvar su honor. Tremolemos muy alto el Estandarte, sus colores en la cumbre brillarán, y al pensar que con él está la muerte, nuestras almas con más ansia latirán. Como la madre que al niño le canta la canción de cuna que le dormirá, al arrullo de una oración santa en la tumba nuestra, flores crecerán. Marcharemos unidos, marcharemos dichosos seguros, contentos de nuestro valor, y cuando luchando a morir lleguemos, antes que rendidos, muertos con honor. Y alegres cantando el Himno glorioso de aquellos que ostentan noble cicatriz, terminemos siempre nuestro canto honroso con un viva Velarde y un viva Daoiz. Artilleros, Artilleros, marchemos siempre unidos siempre unidos de la Patria, de la Patria, de la Patria su nombre engrandecer, engrandecer. Y al oír, y al oír, y al oír del cañón el estampido, el estampido nos haga su sonido enardecer. Orgullosos al pensar en las hazañas realizadas con honor por nuestra grey, gritemos con el alma un viva España y sienta el corazón un ¡viva el Rey!
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lunes, 12 de mayo de 2008

Biografia del Capitan D. Luis Daoiz y Torres I


Primera parte

D. Enrique de la Vega Viguera
Coronel de Artillería

(Por cortesia de Joaquin Serrano)

De tiempos de la Reconquista procedía el lina­je de don Luis Daoiz Torres. Ascendiendo por línea paterna a insignes caballeros como don Berenguer D’Aoiz, que se estableció en Navarra; don García Garces D’Aoiz que intervino en la famosa batalla de las Navas de Tolosa y don Joaquín D’Aoiz, natural de Pamplona, que a mediados del siglo XVII tomó posesión del cargo de alguacil mayor y regidor per­petuo de Gibraltar, teniendo que pasar por el doloro­so trance de perder la plaza en manos de los ingle­ses. El amor a la patria de aquel anciano, enardecido contra los invasores, se transmitió a través de su hijo Martín, en su nieto don Luis Daoiz. Es a partir del indicado don Joaquín, regidor de Gibraltar, cuando los Daoiz se hacen andaluces.

Desde la pérdida de Gibraltar, la familia D’Aoiz instala su residencia en el Puerto de Santa María y en Sanlúcar de Barrameda, donde tenían propiedades como las fincas llamadas Quesada, en Cádiz; Espínola, en el Puerto de Santa María y Monreal en Medina Sidonia. También en Navarra tenían dos señoríos, nueve merindades y la casa principal, con campos y viñas en Aoiz. A partir de entonces, el apellido D’Aoiz también se andaluza, convirtiéndose en Daoiz. Don Martín contrajo ma­trimonio en Sevilla con doña Francisca Torres Pon­ce de León, hija de los condes de Miraflores, el 2 de febrero de 1766.

El 10 de febrero del año siguiente, les nace un hijo varón. Esto ocurre en el domicilio de su abuela materna, la condesa de Miraflores, donde ocasional­mente residen los padres de nuestro personaje. La casa era el número 70 de la calle del Horno, inme­diata a la parroquia de San Miguel. En el libro de bautismo de la indicada parroquia, consta en el folio 26, que el martes diez de febrero de 1767, el presbí­tero don Luis de Torres, con licencia de cura propio, bautizó a un niño al que puso por nombre Luis Gon­zaga, Guillermo, Escolástica, Manuel, José, Joa­quín, Ana y Juan de la Soledad. Eran sus padres don Martín Daoiz y Quesada y doña Francisca de Torres Ponce de León, natural de Sevilla, siendo el padrino fray Juan Mateos, presbítero de la orden del Carmen calzado. El mayorazgo que disfrutó don Luis Daoiz fue el fundado por Gaspar de Quesada en la villa de los Barrios en el campo de Gibraltar.

Pasó Luis Daoiz los primeros años de su niñez en casa de su abuela, donde como hemos indicado vivían sus padres. Es interesante anotar lo que dice González de León en sus «Calles de Sevilla», libro publicado en 1839. «Calle del Hospicio de Indias. Está en el cuar­tel C y en la parroquia de San Miguel. Se llamaba de la Cruz por un pequeño retablo con una cruz y así se llamó hasta 1699, que la Compañía de Jesús labró en ella, para hospicio de los padres de su religión que pasaban o volvían de las Indias. Esta casa, en parte derribada, está ahora sirviendo de cuartel de Infantería (en la actualidad se ha respetado parte de lo edificado para el parlamento andaluz, y el resto para una plaza). El callejón es estrecho y pasa desde la calle de las Palmas, a la Pza. de la Gavidia am­pliado por su final con el derribo de una casa princi­pal que en él había». Esa casa principal debió ser la habitada por Daoiz. Recibió las enseñanzas prima­rias en su propio domicilio y más adelante los pri­meros estudios en el colegio de San Hermenegildo, regido por los P.P. jesuitas, y situado próximo a su domicilio. En este centro de enseñanza se fue ilus­trando la inteligencia de nuestro joven Luis, así como enriqueciéndose su espíritu con los hábitos de la obediencia, la cortesía y las prácticas religiosas. Entrando ya en los años de la pubertad mostró sus deseos de ser útil a la patria en la noble ocupación castrense, por lo que su padre solicitó y obtuvo la plaza en el Real Colegio de Artillería de Segovia. Aprobada la información de nobleza que entonces exigía este nobilísimo cuerpo, en expediente expe­dido el 10 de julio de 1781 por el escribano del rey, don Manuel García de Castro y del teniente asisten­te de Sevilla, don Fernando Vivero Sánchez, ingresó Daoiz en el Real Colegio de Artillería de Segovia a los quince años de edad. Como curiosidad se puede aportar que en el libro de padrones de la parroquia de San Miguel, figuraba el año 1767 Luis Daoiz em­padronado con sus padres en la plaza de la Gavidia y callejón de Colegio, pero en 1782 ya no figuraba, porque contando con 15 años había ingresado en el colegio de artillería de Segovia. Continuaban figu­rando sus hermanos doña Ma. del Rosario, don Fran­cisco y doña Josefa.

En Segovia permaneció Daoiz como cadete desde el 10 de febrero de 1782 al 9 del mismo mes del año 1787. Durante este periodo demostró ser un buen estudiante, tenaz e inteligente, distinguiéndose de manera especial en la esgrima de sable, y de es­pada, donde su agilidad y agresividad alcanzó entre sus compañeros de academia fama de experto y te­mible.
Llegado el año 1790 se ofreció voluntario para marchar a Ceuta al mando de una batería de su regi­miento, para intervenir en la defensa de dicha plaza. Al año siguiente fue enviado a la ciudad de Orán como agregado a la compañía de minadores.

Su gran espíritu y concepto de la responsabili­dad, le hizo solicitar le fuese permitido estar agrega­do a los minadores, pero sin perder su destino en la batería a su cargo. Su brillante comportamiento le valió ser ascendido al grado de teniente de artillería el 18 de febrero de 1792.
Cuando la revolución francesa alcanzó los ex­tremos de demencia y terror que relata la historia, queriendo España dar prueba de sus sentimientos monarquicos y religiosos, se dispuso a ayudar a Luis XVI, declarando la guerra en 1793 a la Repú­blica Francesa.
En realidad, más que declarar la guerra a Fran­cia y a su república, España lo que hizo fue declarar la guerra a la Revolución Francesa, como espíritu de reacción, contra quienes cortaron la cabeza a Luis XVI y a Mª Antonieta.

El entusiasmo que tal decisión provocó en el pueblo español se patentizó en los cuantiosos dona­tivos, alistamiento de voluntarios y en cuantas nece­sidades solicitó el gobierno español para intervenir en una guerra que estimaba justa. La primera parte de la campaña, que fue llamada del Rosellón, un ejército de 24 mil españoles a las órdenes del gene­ral don Antonio Ricardos, realizó una brillantísima actuación. En esta segunda parte de la campaña comenzada en marzo de 1794, participó Daoiz, inter­viniendo en numerosas acciones, mandando con va­lor y pericia sus cañones. Pero en un furioso contraataque francés, lograron rebasar las líneas españo­las. Daoiz fue hecho prisionero el 25 de noviembre de 1794 y conducido a la prisión de Tolosa en Fran­cia. En esta situación, reconociendo el enemigo sus méritos como artillero, le ofrecieron alistarse en el ejército francés con un alto empleo, lo que rechazó Daoiz, argumentando que su único deseo era regre­sar a España para continuar con sus campañas. Per­maneció prisionero hasta que terminó la lucha en 1795, con la desastrosa Paz de Basilea. Las tentado­ras ofertas francesas para que sirviese en su ejército se justificaban por los amplios conocimientos que Daoiz tenía del empleo de la artillería y por el domi­nio de las lenguas inglesa, francesa, italiana y el la­tín, en una época en la que el pueblo balbuceaba la ortografía.

Apenas terminada esta guerra contra Francia, comenzaron las ruinosas e infortunadas discordias contra Inglaterra. Una numerosa flota mandada por Nelson se dedicó a bombardear la ciudad de Cádiz. El 11 de julio de 1797 se le confió al teniente Daoiz el mando de una tartana cañonera con hornillo de bala roja, bajo las órdenes del almirante Mazarredo, que con gran talento, ingenio y valor, organizó la defensa del puerto y bahía de Cádiz, donde nuestros marinos y artilleros demostraron su heroísmo.

El navío inglés El Poderoso, que era el que más daño ocasionaba, fue el primer objetivo marcado por Mazarredo. Contra él luchó Daoiz con su tar­tana cañonera, llevando a cabo una efectiva y vale­rosa labor.

La hoja de servicios de Luis Daoiz se expresa con ese estilo concreto y lacónico de la literatura castrense, diciendo: «últimamente el teniente Daoiz, embarcado en el navío San Ildefonso, ha hecho dos viajes redondos al continente e islas de América, todo durante la última guerra contra la Inglaterra».

Tan escueta nota nos obliga a ampliarla un poco, para conocer mejor las cualidades y personali­dad de nuestro personaje. El embarque del teniente Daoiz en el navío español, estuvo motivado por la necesidad observada por el gobierno español de te­ner que continuar la guerra contra Inglaterra, para poder defender nuestras colonias y proteger las flo­tas que venían de América. Para ello necesitaba completar la dotación de oficiales de la armada, lo que le llevó a ordenar que oficiales de artillería del ejército de Tierra fuesen agregados a los buques. El navío San Ildefonso, al que fue destinado Daoiz, disponía de 74 cañones y estaba mandado por el ca­pitán de navío don José de Iriarte. En dicho barco realizó los dos viajes que indica su hoja de servicios. Durante esta navegación prestó importantes misio­nes y ayudó notablemente a su capitán para entre­vistarse con oficiales de otras naciones, dados sus conocimientos para expresarse en francés, italiano e inglés.

Es curioso anotar que hallándose Daoiz, en no­viembre de 1800, en el puerto de La Habana, osten­tando las insignias de teniente, al revisar las «Gace­tas» atrasadas, comprobó con sorpresa que el 4 de marzo de 1800, estando en la mar, le habían ascen­dido a capitán de artillería, no habiendo recibido no­tificación de dicho ascenso por estar navegando. Había cumplido 33 años cuando le llegó al ascenso a capitán.

De regreso a la Península, en fecha 7 de julio de 1802, fue destinado al 3er regimiento de artillería de Sevilla, su regimiento de origen, encomendándo­le la superioridad misiones científicas, dadas su fa­cilidad y conocimientos de las matemáticas y su aplicación al desarrollo de la artillería. Precisamen­te, con fecha 2 de diciembre de 1803, se le ordenó a la Fundición de Bronces de Sevilla, según figura en el Legajo nº 12 de la indicada Fundición —hoy Fá­brica Nacional «Santa Bárbara»—, una orden del generalísimo Godoy, Príncipe de la Paz, para que fuesen construidas dos piezas del calibre de «a ocho», según el proyecto del brigadier don Vicente María de Maturana, para el servicio de la artillería a caballo, debiendo reunir la particularidad de poder disparar indistintamente balas, granadas y metralla.

A tal fin se nombró una comisión de varios ofi­ciales entre los que figura el capitán don Luis Daoiz. A esta comisión le dirigió Maturana un amplio es­crito explicándoles el fundamento de la pieza ideada por él, consistente en disminuir el peso del cañón para su más fácil traslado y poder cambiar de asen­tamiento con mayor prontitud.

(segunda parte clic aquí)

1 comentario:

Carlos Ballesteros dijo...

Este tio sigue como siempre, aunque no he podido leer toda la biografia de uno de los capitanes mas importantes que tuvo la Historia Española estoy seguro que merece la pena. Hoy no, pero mañana seguro que lo leo y te dejo, como ya es habitual, mi opinion.... Sigue asi Gunner, eres una MAKINA....