Artilleros, Artilleros, marchemos siempre unidos siempre unidos de la Patria, de la Patria, de la Patria su nombre engrandecer, engrandecer. Y al oír, y al oír, y al oír del cañón el estampido, el estampido nos haga su sonido enardecer. España que nos mira siempre amante recuerda nuestra Historia Militar, Militar, que su nombre siempre suena más radiante a quien supo ponerla en un altar. Su recuerdo que conmueve con terneza, dice Patria, dice Gloria, dice Amor, y evocando su mágica grandeza, morir sabremos, por salvar su honor. Tremolemos muy alto el Estandarte, sus colores en la cumbre brillarán, y al pensar que con él está la muerte, nuestras almas con más ansia latirán. Como la madre que al niño le canta la canción de cuna que le dormirá, al arrullo de una oración santa en la tumba nuestra, flores crecerán. Marcharemos unidos, marcharemos dichosos seguros, contentos de nuestro valor, y cuando luchando a morir lleguemos, antes que rendidos, muertos con honor. Y alegres cantando el Himno glorioso de aquellos que ostentan noble cicatriz, terminemos siempre nuestro canto honroso con un viva Velarde y un viva Daoiz. Artilleros, Artilleros, marchemos siempre unidos siempre unidos de la Patria, de la Patria, de la Patria su nombre engrandecer, engrandecer. Y al oír, y al oír, y al oír del cañón el estampido, el estampido nos haga su sonido enardecer. Orgullosos al pensar en las hazañas realizadas con honor por nuestra grey, gritemos con el alma un viva España y sienta el corazón un ¡viva el Rey!
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lunes, 12 de mayo de 2008

Carta a mis compañeros de armas

Hace algun tiempo, un amigo me pasó esta carta.


CARTA A MIS COMPAÑEROS DE ARMAS.


Zaragoza, cuatro de diciembre de 1980

Querido amigo y compañero:

Cuántas veces, en amable discusión, hemos tratado con nuestros compañeros de la bomba llameante sobre quién en las batallas ocupa el puesto de vanguardia en combate, puesto de honor, sin a veces recordar que todos luchan con tal valor, que decir vanguardia o retaguardia es un mero concepto geográfico que no influye en nada a la hora de que cada cual cumpla con su deber.

Y es que ahora quiero narrarte uno de los muchos ejemplos que demuestran lo peregrino de nuestras elucubraciones y que empuja a nuestro corazón a compartir el orgullo esos compañeros nuestros que, al contemplar las dos bombardas cruzadas sobre el fondo rojo de la sangre vertida y negro del humo de sus fuegos, evocan las hazañas realizadas con Honor por su, también nuestra, Grey.

Hagamos juntos un viaje a Beni Bu Ifrur. Es la guerra que a principios del siglo XX sostiene España contra cábilas moras rebeldes. Tropas españolas se han adelantado para efectuar un reconocimiento, y en el repliegue las harcas rifeñas atacan con tal furia, que la iniciativa pasa a sus manos.

Protegiendo el movimiento combate una Batería de Artillería; sus artilleros se mueven por un terreno difícil; cambian rápidamente de asentamientos, bajo un ‘paqueo’ constante, pero saben que de la eficacia de sus fuegos depende la vida de muchos de sus compañeros de otras Armas.

La Infantería se repliega, mientras la Batería se queda cada vez más a vanguardia. El General habla personalmente con el Capitán: ‘no se moverá mientras no reciba su orden directa, pues si se interpreta mal una orden, las cábilas rebeldes segarían las vidas de muchos infantes’.

Los artilleros siguen combatiendo. ¡Fuego! ¡Fuego!. Suena del cañón el estampido y su sonido los hace enardecer.

El moro se acerca. Seiscientos metros.
Quinientos metros. ¡Fuego! ¡Fuego!, gritan los tenientes.
Los artilleros siguen combatiendo. Arrecian los disparos enemigos.
“... antes que rendidos, muertos con Honor...”.
Cuatrocientos metros. ¡Fuego! ¡Fuego!, repiten los sargentos.

Dos piezas están fuera de servicio. Las otras dos siegan al enemigo con sus proyectiles de metralla. El moro es un buen luchador que sabe aprovechar bien el terreno, y se acerca como si fuese una avalancha. ¡Fuego! ¡Fuego!, contestan los artilleros.

El Capitán recibe una orden de retirada. La Infantería se está replegando. Pero la orden no es del General. La Batería permanecerá entonces en su puesto. Sus almas laten con más ansia.
Oficial que trae la orden: ‘es una locura... la Infantería se repliega... dentro de nada esto será un infierno’.

Capitán de Artillería: ‘... y no quedarán más españoles que los de esta posición’.
Los artilleros, unidos, dichosos al hacer tremolar en lo alto a su Estandarte, siguen disparando a pesar de las balas moras. Están solos. No queda nadie para protegerles. ¡Fuego! ¡Fuego!, oye el Capitán.

El enemigo ya casi no puede hostigar a los infantes con uniforme de rayadillo, mosquetón y alpargatas. Se lo impiden dos cañones y un puñado de artilleros. Y entonces dirige ahora sus esfuerzos contra éstos. ¡Fuego! ¡Fuego!, animan los heridos.

Los artilleros caen. Las bajas se acumulan. El Capitán recibe entonces otra orden de retirada; no es del General. ¡Fuego! ¡Fuego!.

“... y evocando su mágica grandeza, morir sabremos por salvar su Honor...”.
El Capitán de Artillería ignora que el General ha entregado a Dios su vida por España, y que se están replegando todas las fuerzas del Sector.

Los moros están a trescientos metros. Los artilleros cantan alegremente su Himno y ganan la gloria para el Arma derramando su sangre.
Llega la noticia, y el Capitán se entera de lo acaecido. Ahora sí se replegarán, protegidos por su Infantería.

Los artilleros se lo llevan todo. Los cuerpos de sus compañeros caídos descansarán en el suelo patrio; los rifeños no recogerán ningún botín.
Las dos piezas que aún funcionan retroceden escalonadamente, apoyándose mútuamente. ¡Fuego! ¡Fuego!. No se cesa de combatir.

Caen los artilleros. Los oficiales ayudan a arrastrar las piezas. El movimiento es penoso. El esfuerzo, agotador. ¡Fuego! ¡Fuego!.

“... y cuando, luchando, a morir lleguemos...”.
Los artilleros llegan al campamento. Las frentes levantadas. Han cumplido con su Deber.
“... de la Patria su nombre engrandecer...”.

Por esta acción, el treinta de septiembre de mil novecientos ocho fue laureado el Capitán de Artillería Ilmo. Sr. D. Luis Fernández Herce. Y el Himno de los artilleros volvió a vibrar con fuerza.


Recibe un abrazo de tu amigo y compañero


Juan Infante Español

2 comentarios:

F La C dijo...

Tengo en mi casa un par de tomos de una colección de fascículos que se publicó hace bastantes años. Se llama algo así (estoy de viaje) como "España en sus héroes".
Artilleros como el mencionado Fernández Herce, o Royo, Guiloche, Flomesta y otros, enseñorean sus páginas.

Anónimo dijo...

Impresionante relato, estoy sobrecogido, ma ha dejato los pelos como escarpias

¡¡¡ VIVA ESPAÑA !!!
¡¡¡ AMUNT ESPANYA !!!